La impotencia de las drogas

beautiful boy

Beautiful Boy
Felix van Groeningen
2018

En Beautiful Boy encontramos la historia real de un padre (David Sheff) que ve impotente como su hijo (Nic Sheff) cae en el mundo de las drogas. A partir de aquí se muestra una historia donde se puede ver que todo el mundo puede consumir drogas y que siempre hay una causa detrás,  aunque el film no lo hace evidente.

Escrito por: Laura López

La historia está explicada desde la perspectiva del padre, que se cuestiona continuamente qué ha hecho mal en la educación de su hijo para tener que pasar por esta situación. Nic es un chico ejemplar, pero en un momento dado de la adolescencia pasa de consumir alguna vez marihuana a ser adicto a la metanfetamina. Y la película no dice por qué. Los espectadores y las espectadoras pueden sacar sus conclusiones: un niño que pasó por el divorcio del padre y la madre (y que tiene que viajar para ver la madre porque vive en la otra punta del país); un chico que es bueno en los estudios y le gusta escribir y dibujar, pero que empieza a cerrarse en sí mismo. Como le dice su padre: "¿Qué te pasa, que ahora siempre estás encerrado en tu habitación escuchando música y dibujando y ya no hablamos nunca?" Lo que puede parecer una actitud típica adolescente se ve como va derivando en una depresión por no encajar en la realidad y una voluntad de evadirse probando las drogas.

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Pero encontramos un problema en esta película, y no es la trama, sino la manera de explicarla. El director ha escogido una fórmula de saltos en el tiempo en la cual el presente se va intercalando con el pasado, pero de una forma que enreda la linealidad de la trama y hace que el público no acabe de entender la historia cronológicamente. Se entremezclan estos saltos y a veces se hace complicado discernir si estás viendo el pasado o el presente. Desde un punto de vista cinematográfico este planteamiento no acaba de encajar, pero desde el punto de vista de la historia nos encontramos con un relato que nos hace dar cuenta que las drogas no entienden de clase social, y que no solo es muy duro salirse, sino que el camino que tiene que hacer la familia es muchas veces peor porque ve impotente como los hijos o las hijas caen en este mundo y no pueden hacer nada si los protagonistas no quieren.

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Se echa de menos, quizás, una visión más profunda de la relación entre el padre y el hijo en el presente (en el pasado sí que podemos ver que es una relación muy sana y compenetrada), puesto que cuando están juntos la actitud de el padre es más de reflexión y de observación, y el hijo es quien continuamente toma la decisión de volver a recaer sin que el padre pueda decir la suya.

 

La película es recomendable. Pero, para aquellas personas interesadas en el tema, quizás es mejor leer los dos libros que escribieron el padre y el hijo sobre su vivencia.

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