(Blog) 2 palabras

smile fist finger thumsNo soy ningún filólogo o estudioso de la lengua, pero creo que hay dos palabras que existen en todos y cada uno de los idiomas habidos y por haber que se hablan o se han hablado en la Tierra, pero si me equivoco y si hay algún lingüista en la sala, que levante la mano y me rectifique; asumo mi desconocimiento sobre tales temas.

Escrito por: Pedro Villena

Esos dos vocablos de los que quiero hablar, son “gracias” y “perdón”. Son dos términos que, fonéticamente hablando, son fáciles de pronunciar. Son dos palabras cortas, con pocas letras, breves y concisas, que surgen casi sin querer. No es necesario expresar palabras enrevesadas como dexosirribonucleico, esternocleidomastoideo, supercalifragilisticoespialidoso o, sin ir más lejos, confinamiento o coronavirus. No, tan sólo gracias y perdón, ya está. No hay más. Punto. Fácil.

Sin embargo, exponerlas de viva voz, verbalizarlas, ya es otro cantar.

 

Todo esto viene a cuento, y perdón por abusar de tópicos literarios consabidos, por estas circunstancias actuales. Hay muchas personas, demasiadas, que han fallecido a causa de esta pandemia que nos ha tocado vivir. Y muchas de ellas, demasiadas, han sido personas mayores. Personas que han muerto solas, abandonadas en residencias, geriátricos, asilos o como los queramos llamar. Lugares en que estas personas nos han dejado para siempre, alejados de sus familiares, entre extraños, o sencillamente, solos, aislados en una habitación. Mi respeto y condolencias a todas y cada una de las personas fallecidas y a sus familiares, pero quería centrarme más en este colectivo desprotegido y que tanto han hecho en sus vidas por todos y cada uno de nosotros.

 

Gracias a todos nuestros mayores que siempre han estado a nuestro lado, cuidándonos de niños, dándonos amor, estudios, ropa, educación, desvelándose para que no nos faltara de nada, aguantando nuestros caprichos y reproches. Y cuando nosotros dejamos atrás la niñez y llega la adolescencia y la edad adulta, aún siguen desviviéndose por nosotros, ofreciéndonos todo lo que tienen para ayudarnos a nosotros y a sus nietos, ya que les hemos convertido en niñeras de nuestros hijos, en cocineros para llevarnos en táper comida y no tener que cocinar nosotros, en un servicio de lavandería para nuestra ropa sucia o en una casa de acogida al volver a nuestra casa de la infancia con nuestra propia familia porque no podemos pagarnos un piso propio. Y tantas y tantas otras cosas que hemos hecho sin siquiera un gracias ante sus desvelos.

 

Permitidme un momento a volver al principio del escrito y a esa dificultad que solemos tener para expresar estas dos palabras, y especialmente, por parte de toda la clase política que rige los destinos del mundo. Y es que no he oído a ningún político, sea del partido que sea, sea del país que sea, de pedir perdón a la ciudadanía, no tan solo por la falta o no de acierto en tratar esta pandemia, sino, por haber priorizado cualquier otro asunto antes que promover más recursos sanitarios.

 

Y es que hay otras dos palabras que, acuñadas en el antiguo imperio romano, siguen aún muy presentes en nuestras sociedades. “Pan y circo”. En la antigua Roma, los dirigentes de la República, el Imperio o cualquier otra forma de llamarlo, proveían a los ciudadanos romanos de dos conceptos para mantener a la población tranquila, y que no se preocupase de los problemas que les rodeaban o para enmascarar situaciones controvertidas. Por una parte, regalaban pan, o trigo para hacerlo, o lo vendían a precios mínimos con que contentar a los ciudadanos. Por otra, organizaban todo tipo de espectáculos circenses y otros entretenimientos masivos para conseguir el mismo resultado, que los ciudadanos no “molestasen” demasiado.

 

Pan y circo. Gracias y perdón. Dos palabras (vale, cuatro), pero que creo que se complementan bien. Gracias a todos nuestros mayores, los que están y los que se han ido debido a este maldito virus. Y perdón. Perdón por haber dejado que nuestros políticos se gastasen el dinero del contribuyente en sus “panes” y “circos”, en vez de hacerlo en dotar de medios a los hospitales, o al personal sanitario que ha tenido que trabajar en condiciones adversas (y no sólo ahora, la cosa ya viene de lejos) sin un mínimo de material y seguridad. Sé que toda esta parrafada está llena de demagogia, y de múltiples errores de apreciación, conocimiento y un exceso de tonterías, pero tenía la necesidad de soltar toda una serie de pensamientos que asaltan sin perdón ni clemencia alguna mi mente. Y ya que hay otras muchas cosas (demasiadas) que no me atrevo a expresar y que socaban mi espíritu, permitidme abrir parte de mi alma y expulsar estos pensamientos de la olla a presión que es mi cerebro y que está a punto de reventar.

Gracias y perdón.

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