«Toda la población va a entrar en lo que el DSM-V considera trastornos mentales»

Escrito por: Laura López

 

El próximo mes de mayo de 2013 saldrá publicada la versión definitiva del DSM-V, un informe que ha creado muchos detractores en diferentes países del mundo. En Cataluña, desde Espai Freud, donde se promueven y organizan actividades de debate sobre el psicoanálisis, se ha creado una plataforma llamada StopDSM en la que se ha redactado un manifiesto «a favor de una psicopatología clínica, que no estadística», que ya lleva más de 6.500 firmas de 193 instituciones, entidades y asociaciones de todo el Estado. María José Muñoz defiende que esta plataforma está «en contra de las clasificaciones universales», porque, «cuando se deja de lado la causa, se deja de tener en cuenta qué es una persona».

 

portadaDSM

 

María José Muñoz, psicoanalista y miembro de la plataforma StopDSM.

 

¿Por qué están en contra del DSM-V?
Muchos profesionales tenían malestar respecto al DSM, pero fue Allen Frances (jefe de grupo de tareas del DSM-IV) quien alertó de que se estaba llevando a cabo una nueva revisión del DSM que iba a incluir muchas más categorías y eso iba a implicar que personas sanas fueran consideradas como enfermas. Y a partir de ahí todo el malestar que ya había entre los profesionales se empezó a cristalizar en campañas en contra de este nuevo informe, que saldrá en mayo de 2013.

 

Entonces ¿no están de acuerdo con los anteriores DSM?
Tampoco, pero lo que en un principio era una clasificación que se pretendía universal y que ya tiene su historia (nació en 1899) se fue convirtiendo en un manual de diagnóstico, y ahí es donde ha ido saliendo el estar en contra de esas clasificaciones, porque están hechas sobre la base de diferentes corrientes para llegar a un consenso y dejan de tener en cuenta toda una serie de cuestiones clínicas. En la clínica diaria implica que tienes que dejar fuera muchas situaciones de las personas. Una cosa es a nivel de Estado y otra es en la práctica clínica diaria como herramienta de diagnóstico. Estamos en contra de las clasificaciones universales.

 

¿Cuál es el gran cambio?
Este nuevo DSM pretende que una persona que ha perdido a alguien y cuya tristeza le dura dos semanas más de lo normal ya sea considerada como alguien con una patología. Se ha ampliado tanto el nivel de categorías que casi toda la población va a entrar en lo que ellos consideran trastornos mentales.

 

¿Con el nuevo DSM se dejan fuera los factores externos de la persona?
Exactamente. Para no entrar en discordia no se consideran las causas, porque ello crea conflicto a la hora de unificar. Por lo tanto no se tiene en cuenta si la tristeza que tienes es porque has perdido a alguien o por algo que realmente está afectando a tu salud mental. No se va a la causa, solo al síntoma. El problema es que estas clasificaciones están muy relacionadas con la medicación: si hay un único tratamiento, pues se da la medicación para ese síntoma sin considerar para nada las causas. Por ende, tampoco se considera que las personas evolucionan, cambian y pueden tener recursos para salir de la situación en la que están.


 

«La mayoria de personas que forman las comisiones

estén ligadas a la industria farmacéutica»

 

¿Ahora ese diagnóstico será para siempre?
El DSM no establece cuánto tiempo tiene que durar la mediación, sino que solo clasifica trastornos. La duración tiene que decirla el profesional. El problema es que la mayoría de personas que forman las comisiones están ligadas a la industria farmacéutica. Son psiquia-tras que reciben ayudas de los laboratorios. Además, los integrantes de las comisiones son elegidos entre ellos. Por lo tanto, la idea de que supuestamente es muy democrático no es así, porque no hay ningún psicoanalista, no hay ninguna corriente que no sea la que ellos eligen en función de lo que quieren elegir. Por eso decimos «no estadística», pero no por-que estemos en contra de la estadística, sino porque uno mismo es quien pone las categor-ías.

 

¿Y ningún organismo externo controla esto?
No, porque se supone que sus bases son objetivas porque utilizan la estadística. Y hay muchos profesionales que defienden el DSM porque dicen que es objetivo, pero está hecho por una comisión que tú no elijes, se elijen entre ellos, ellos ponen las categorías y ellos ponen a la gente que forma el grupo de control, que es el que va a contestar a esas categorías para comprobar si se cumplen las estadísticas, ¿dónde está lo objetivo?

 

¿La comisión crea más diagnósticos con el objetivo de vender más medicamentos?
Hay dos cuestiones. La primera es que hay mucha gente que cree que aumentar las cate-gorías es dar un mejor servicio, no todos tienen mala fe. Y hay otros casos en que, viniendo de la sociedad americana —en que hasta por televisión se tratan los trastornos—, pues hay una relación en la que piensas: ¿por qué va a sufrir la gente si puede tomar una píldora que le quita ese sufrimiento? Y, evidentemente, hay otras personas que están interesadas en crear diagnósticos y realizar investigaciones a favor porque cobran y porque publican artículos. La investigación se ha convertido en eso en América, a ver quién investiga más, quién escribe más artículos y quién cobra más por ello.

 

Hay de todo, entonces.
El problema es que lo político y lo administrativo ganan a lo profesional. Cada comisión está separada y no se juntan para debatir los asuntos, cada una tiene sus categorías. No hay idea de sujeto, porque cuando se deja de lado la causa se deja de tener en cuenta qué es una persona. Solo quieren ver la enfermedad, no la evolución ni el contexto de la persona. Y si solo miras la enfermedad etiquetas a la persona.


 

DSMinterior

 

¿Por qué pesa más lo administrativo?
Cuando la administración lo que pretende es obtener resultados, saber a quién dar el presupuesto, lo que quiere son datos; entonces, se acaba adecuando todo a las necesidades de la administración, o de las aseguradoras. Ahí es donde hay un choque muy fuerte con la práctica clínica del día a día. Por eso también las comisiones muchas veces están pre-sionadas, porque tienen que dar resultados a la administración.

 

¿En qué se traduce todo esto?
Por ejemplo, ahora parece que todos los niños tienen TDAH y todos acaban medicados. La madre y la profesora están más contentas porque el niño no se mueve, pero al niño no se le está dejando ser niño. No se potencian los propios recursos del niño, se le da algo externo que le calme la ansiedad, pero después cuando es mayor no puede vivir sin esa medicación. Y lo que hace falta es que el profesional vea qué le pasa a esa persona y consi-dere los factores externos que le han llevado a estar allí y permita una evolución del indivi-duo, y más en niños y adolescentes, que precisamente están en edad de evolucionar.

 

¿El DSM es exclusivo para psicólogos o psiquiatras?
No, el problema es que lo están utilizando pedagogos y demás gente que no tiene nada que ver con la profesión, y además se usa de una forma mecánica. Otro problema es que la gente muchas veces viene autodiagnosticada y en realidad no tiene ninguna patología sino que lleva una vida muy agitada o desordenada, por ejemplo. Se está inculcando a la gente que cualquier conducta es patológica, sin ver las causas objetivas.


 

«Ahora parece que todos los niños tienen TDAH

y todos acaban medicados»

 

Pero esa generalización es peligrosa.
Lo que no se puede hacer es medicar igual a una persona que de verdad tiene una patología que a una persona que no necesita medicación, sino que está pasando por un proceso normal de la vida como cualquier ser humano. No puedes decirle que tiene un trastorno a una persona que llora porque ha perdido a alguien igual que a una persona que está delirando, no pueden tener ni el mismo estatuto ni el mismo tratamiento.

 

¿Los profesionales tienen que seguir el DSM a rajatabla?
No, una cosa es a lo que te obligan a nivel de informes y otra es la clínica. En esta puedes ver las diferentes opciones que hay, no solo la que te ofrece el informe. Se puede utilizar el DSM como una guía, pero el problema es si tienes que hacer un informe pericial para un juicio, porque tienes que utilizar las categorías, ya que solo puedes poner un número. Al no estar de acuerdo con esto, lo que hemos hecho hasta ahora es añadir observaciones en el informe para que el juez sepa de lo que realmente estás hablando.

 

¿Defienden eso también?
Lo que defendemos es que cada uno pueda utilizar sus teorías psicológicas para hacer estas cosas, porque para eso se han creado las diferentes teorías, que tienen una consistencia interna, y porque para eso hemos estudiado y sabemos hacer nuestro trabajo. Se han dado casos de juicios en los que a los padres les han quitado a su hijo porque no le han querido medicar.

 

¿Cómo ha evolucionado este movimiento que han puesto en marcha?
Se originó en Estados Unidos, pero enseguida se unió Francia, después España, Argentina, Brasil, Chile, Portugal e Italia. En España la campaña se inició en Espai Freud, que intenta que haya una interrelación entre las diferentes disciplinas. Una de estas tiene que ver con la psiquiatría, donde hay muchos psiquiatras que comulgan con este DSM por una cuestión casi automática, y otra es porque en las universidades ya no se estudia psicopatología clásica, solo se estudia el DSM y la psicofarmacología. Están saliendo nuevos profesionales que no saben que existe una psicopatología que tiene que ver con las causas, con el entorno, con diferentes vertientes. Y después está la otra parte de la psiquiatría que está a favor de un modelo donde no se clasifican los trastornos ni las personas. Entonces, con esas dos vertientes recogimos en Espai Freud el manifiesto «a favor de una psicopatología clínica, que no estadística».


 

«Si una persona viola a otra, 

ahora tendrá un trastorno de hipersexualidad»

 

También se ha modificado la categoría respecto a la sexualidad.
La cuestión de la sexualidad se había quitado como patología del último DSM porque se consideraba que en realidad era un criterio moralista y no un criterio de enfermedad. Ahora lo vuelven a introducir con la idea de violencia y distorsión. Lo que viene a decir es que si se considera que una conducta sexual violenta es una enfermedad eso va a des-responsabilizar a quien la lleva a cabo. No se puede clasificar como patología sexual sino como patología de la violencia. Si una persona viola a otra, ahora tendrá un trastorno de hipersexualidad, y tener una sexualidad muy amplia o tener más libido no implica que seas un violador y que estés enfermo. La hipersexualidad no va de la mano de la violencia.

 

En Europa también existe la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE). ¿Por qué no utilizan este recurso en lugar del DSM?
Es obligatorio utilizar la CIE, pero tiene la desventaja de que ha sido una traducción del DSM, con lo cual la gente acaba utilizando el DSM. Ahora parece que quieren hacer una clasificación diferente a la del DSM, pero el problema sigue siendo el mismo de antes, y es que se dejan fuera muchas causas para no entrar en conflicto y para que sirva a cuanta más gente mejor. Además, la tendencia de la CIE ha sido coger de modelo el DSM, por lo que tampoco esperamos grandes cambios. Pero ya está bien que dentro de la OMS intenten cambiar.

 

¿Cuál es el próximo paso?
Ir a las administraciones para plantear la cuestión de que el DSM no sea el único modelo a considerar a la hora de diagnosticar y de juzgar a una persona. Que el diagnóstico venga desde la clínica y no de las clasificaciones. Los informes son informes, lo que importa es qué está sucediendo con esas personas. Y con esos profesionales, porque también se los están quitando del medio al fin y al cabo.

 

 

Comentarios   

0 #1 Dr. Abraham Cohen 12-12-2013 10:39
Es la diferencia entre una pseudociencia como el psicoanálisis y la psiquiatría, que es medicina, ergo, necesita estadística entre otras cosas. Da igual, los freudianos seguirán con sus brujerías del siglo XIX, y los psiquiatras seguiremos curando, en vez de sacar dinero al paciente en tratamientos fútiles. Y no, no me patrocina ninguna malvada farmacéutica. (vaya obsesión tenéis. Tiene tintes paranoicos)
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