“El afecto no te lo descargas de la red”

Sentir ansiedad por no saber utilizar la nueva aplicación instalada en el ordenador del trabajo o estar agobiado porque ha que consultar constantemente el e-mail ya tienen nombre: tecnofobia y tecnoestrés. Dos términos que el profesor de Psicobiología de la Universidad de Murcia, José María Martínez Selva, analiza en su nuevo libro ‘Tecnoestrés. Ansiedad y adaptación a las nuevas tecnologías digitales’ (Ed. Paidós).

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Escrito por: Beatriz Castillo

 

¿Quién sufre tecnoestrés?
Diferentes personas por muchas razones, entre ellas por miedo u odio a la tecnología. La mayor parte de tecnófobos son mayores y también, en ocasiones, se extiende a las personas retiradas del mercado laboral, o personas que dependen de un ordenador y un móvil para estar localizables en el trabajo las 24 horas. Otro grupo, que para mí es el más preocupante, es el que llevamos decenas de años trabajando y somos competentes pero hemos pasado a depender de las nuevas tecnologías.

 

¿Siempre es el entorno laboral el que obliga a la nueva adaptación tecnológica?
No siempre. Incluso hay algunas personas con analfabetización digital que a veces por intereses personales pueden llegar a entrar y llevarse bien con las nuevas tecnologías. Por ejemplo, contactar con los nietos que están lejos.

 

¿Y la cara opuesta de todo esto?
En el otro extremo estarían los tecnodependientes que cuando no tienen acceso a la red se les reproducen sentimientos de tristeza.

 

¿Es una cuestión de clase social o de nivel cultural?
No lo creo. En algunos centros de salud al médico le han puesto en su ordenador una aplicación para gestionar los historiales médicos. Con los 10 minutos que tiene para cada paciente, 5 minutos se los pasa buscando la historia clínica. Se cae la red y no conocen a nadie. Conozco doctores que han pedido la baja por depresión porque no se aclaran con la aplicación digital.

 

¿Qué diferencia a una persona que sufre tecnofobia del que sufre tecnoestrés?
Puedo tener tecnoestrés pero no ser tecnófobo. Puedo tener tecnoestrés porque me han de explicar cada cambio tecnológico y no llegar a tenerle miedo u odio. La tecnofobia afecta a las personas de distintas maneras. Es muy difícil que aparezca en los nativos digitales. Se da la fecha de 1980, la era del Milenio, estos no van  a tener tecnofobia y tendrán muy poco tecnoestrés porque han nacido literalmente manejando el móvil. Ahora tenemos un ministro de Industria muy entusiasta que dice que en 2015 la administración será toda digital y hay un problema de alfabetización digital.

 

¿Hay diferencias entre una persona que es tecnófoba y una persona que tiene otro tipo de fobia?
Al principio se hablaba de tecnófoba cuando empezaron los ordenadores a generalizarse, pero nunca llegó a tener una entidad clínica. Había personas, normalmente en formación de letras, que tenían esta ansiedad. Pero de esto hace 20 años. Ahora es muy raro que se asemeje con factores comunes con otro tipo de fobias. Sí que hay un tecnoestrés crónico, por ejemplo, cuando se te cae la red y no puedes hacer nada. Ese sentimiento sí que es el tecnoestrés y, de momento, el más analizado, común y que trasciende en el tiempo, la frustración de no saber qué hacer.

 

¿Cree que dentro de 50 años cuando todos sean nativos digitales todavía existirá este problema de alfabetización digital?
No será tanto pero pasará una cosa que me temo y no deseo: Todos los “listos” cuando llegue otra ola digital y les pille un poco más mayores se van a enterar de lo que es el tecnoestrés. No podemos detener el progreso, ya no hay el problema que hubo en el s.XIX relacionado con la Revolución Industrial. No nos podemos oponer a las nuevas tecnologías. Se ha de intentar aprender poco a poco porque los “listos” no lo han aprendido en un día. Se ha de hacer de forma sectorial.

 

El movimiento de los Indignados ha llevado su comunicación a través de las redes sociales, ¿Lo han hecho bien?
El movimiento está en un estado que nadie sabe cómo va a evolucionar. Por una parte la red es extraordinaria para reunir a un grupo de gente a través de reivindicaciones, pero hay cosas para las que la red no sirve. Se trata del campo práctico.

 

¿Por ejemplo?
No se puede hacer un libro o una novela entre 2.000 personas, como ya se ha intentado. Y en la práctica, con los Indignados, es lo que está pasando. Organizar un movimiento de cambio necesita un cara a cara y un liderazgo con un sistema organizativo. Muestra, de forma magnífica, lo que la red consigue: Algo que se crea en la realidad digital y pasa a una realidad palpable pero con el problema logístico en la acción.

 

¿Podemos pasar, entonces, de la realidad digital a la acción?
Tiene que ver con lo que no da la red. La red da conocimientos e información pero no me da experiencia. La red te hace sabio pero no te hace experto. No te permite madurar para afrontar las grandes cosas que te da la vida. El afecto no te lo descargas de la red. La persona que vive al margen de la red se pierde mucho, pero la que vive solo para la red, también.

 

¿Han tenido tecnoestrés los políticos con las movilizaciones de los Indignados?  
El movimiento de los Indignados tiene los componentes de satisfacción en varias áreas. Lo que ha sorprendido es la forma de hacerlo y es muy fácil para el político que su gabinete le mantenga su Twitter abierto, el blog y la página de Facebook, pero tiene otras derivaciones y lo que no se esperaban es que se volvieran en contra de ellos y se desbordaran. El político se ha aficionado a tener seguidores en Twitter pero no se acostumbra a que la persona le conteste.

 

¿Nos engañan?
Tú escribes a Obama y Obama no te contesta. Aunque creas que esto es la nueva política, te contesta una persona del gabinete. Es una simetría terrible y no hay comunicación bidireccional. No es simétrica aunque te lo hacen creer.

 

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¿Qué son los neoludistas?
Son personas que se organizan para combatir activamente por la fuerza contra las nuevas tecnologías. Tecnófobos ha habido siempre. Platón y Sócrates atacaban a la escritura porque decían que perjudicaba al pensamiento y la memoria. En ese momento todo se hacía de memoria. Hay una cultura no escrita que es muy importante y que se ha perdido, no como movimiento organizado, porque el más importante fue el de la Revolución Industrial,  pero en la literatura y en el cine tenemos distintos clásicos de tecnofobia, como las películas de ciencia ficción.

 

¿Por qué dice que la novela de El Club de la Lucha es un ejemplo de pensamiento tecnófobo?
Las acciones que desarrollan son acciones contra el progreso. Son acciones masivas, golpes tipo comando contra las nuevas tecnologías. Trata de encontrarse con las raíces de las pasiones básicas y la lucha como contraprestación.

 

¿El tecnófobo es un posmoderno?
Es difícil. Hay un grupo organizado. Existen las comunas de rehabilitación de terrenos agrícolas que intentan vivir al margen de la tecnología pero son grupos aislados. El movimiento Slow, que trabaja más sobre la comida orgánica, tiene tratos con la red. Se comunican a través de ella. Los que van contra el G-20 también se han organizado por la red. Es más una actitud tecnófoba individual y de negación.

 

Dice que los tecnófobos pueden ser personas muy violentas, ¿por qué?
Fuera de la literatura, en la vida real se han encontrado casos de sabotaje y movimientos anarcoecologistas. El ejemplo más claro es Unabomber, que ahora ha vuelto a ser noticia porque se han subastado sus bienes para pagar a las víctimas.

 

Unabomber decía que sus atentados servían para luchar contra la opresión y defender el no control de la conducta, ¿Cree que Unabomber es un ejemplo de tecnofobia?
Es un tema fascinante, y creo que tiene razón en alguno de sus argumentos, sobre todo en el último manifiesto que hace. Dice que las nuevas tecnologías, a pesar de estar pensadas para comunicar más fácilmente, en algunos casos hay una utilización asimétrica por parte de las instituciones en el sentido de que fuerzan el control sobre el usuario y no a que el usuario les conozca. Están más preparados para que ellos me cuenten cosas y mucho menos preparados para que yo les explique mis problemas y pueda hacer mi reclamación.

 

Entonces, ¿Unabomber es neoludista o tecnófobo?
Es las dos cosas. Neoludista en el sentido de oponerse a la tecnología porque dice que todo el avance tecnológico está fomentando las relaciones de poder y dependencia y sumisión de las grandes empresas donde los científicos en realidad también caen en las grandes corporaciones. Y es tecnófobo, por ejemplo, porque es una de las personas que se oponen a la fecundación in vitro.

 

¿El tecnoestrés es el sustituto de la neurastenia?
En algunos aspectos sí. La fatiga y el no poder desconectar se podrían equiparar al tecnoestrés. Llegar agotado a casa y todavía tener que revisar el email.

 

¿Cómo será la web 3.0?
Será aquella que es capaz de detectar la información buena de la que no es buena. Ahora tenemos la más utilizada pero puede ser la más simple. Podrá detectar según nuestro perfil de búsqueda lo que necesitamos y también nos podrá decir que no es bueno visitar páginas de sexo, por ejemplo, y nos dará algún consejo. Hay mucha gente trabajando en qué será pero de momento sólo veo estrategias de grandes compañías que hacen dinero con los datos que les facilitamos.

 

Si la web 3.0 fuera como usted augura, ¿cree que ayudará a combatir esa ansiedad?
Quizá crea más ansiedad porque tienes a alguien que te dice qué es lo que tienes que hacer. Evoluciona a la creación de más servicios y posiblemente paguemos a través de la red.

 

¿Ha tenido que hacer muchas datasiestas mientras escribía este libro?
Procuro hacerlas. Soy una persona que los fines de semana desconecta y suelo tener el móvil abierto pero no trabajo. He sido muy psicólogo en mi trabajo y no he tenido ordenador en casa hasta hace tres años. Cada persona se ha de graduar hasta dónde llega su datasiesta y qué tecnología puede utilizar durante la datasiesta y cuál no.

 

Dice que hay una nueva sociedad y dos culturas, ¿qué dos culturas?
Conviven a día de hoy la cultura digital, de los nativos digitales, con la cultura minoritaria, más una cultura de libros y utilizando el cara a cara. Esta generación está en declive y el trato que se nos da muchas veces es injusto. Nos debemos indignar también un poco.

 

¿Es usuario de las redes sociales?
No voluntariamente. Utilizo la intranet a nivel laboral, que se parece cada vez más a una red social. No le veo objetivo a día de hoy, ni tengo tiempo ni le veo las ventajas porque disfruto mucho con el trato personal.

 

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