«En Pa negre he utilizado muchos instrumentos musicoterapéuticos»

Si hay algo que transmite el sonoterapeuta José Manuel Pagán es proximidad. El ganador del Gaudí a mejor banda sonora por Pa negre es también el director, desde hace nueve años, de la Orquestra de la Bona Sort. Una orquesta con una peculiar diferencia: sus miembros tienen trastornos mentales. Esa proximidad que desprende se hace patente cuando empieza el ensayo. Hoy, «el maestro», como le llaman aquí, ha traído el premio Gaudí y todos quieren tocarlo.

 

pagan

Escrito por: Beatriz Castillo

José Manuel Pagán, ganador del Gaudí a mejor banda sonora por Pa negre y sonoterapeuta.

 

Es compositor, músico, pianista y sonoterapeuta. ¿Cómo quiere que se le recuerde?
Poliédrico, porque realmente yo no sé por qué pero siempre he estado sumergido en la música, pero la música es poliédrica, tiene muchas facetas. He ido trabajando en todas y no puede decirse que me quede en ninguna, sigo haciéndolas compatibles, tanto la parte artística y de composición como la parte terapéutica y la docente.

 

¿A qué se dedica un sonoterapeuta?
La sonoterapia es una parte de la musicoterapia que se dedica básicamente a trabajar exclusivamente no con las melodías, sino con el timbre del sonido, con la vibración. Utilizamos instrumentos especiales como cuencos ti-betanos, monocordio, tambores chamánicos, sha o una sansula. Son instrumentos poco conocidos que tienen mucho poder vibratorio, y esta vibración es capaz de incidir en la vibración que ya tienen nuestras células por sí, porque al ser seres vivos todo nuestro cuerpo, como el universo, está en movimiento, y el movimiento quiere decir vibración.

 

¿Y cómo afecta eso a nuestro cuerpo?
Hay un fenómeno físico, que es la resonancia, que explica que un objeto que vibra en una frecuencia puede ser estimulado desde el exterior con otra frecuencia más potente, y así esa célula u objeto podría ponerse en esta misma vibración que le llega de forma simpática, por asociación. Esto da la oportunidad desde el exterior de mejorar la homeostasis, el equilibrio dinámico que mantiene la vida del organismo.

 

Usted es el director de la Orquestra de la Bona Sort. ¿Es una situación de normalidad artística?
Es un proyecto terapéutico, eso quiere decir que es una situación artística para personas con dificultades y con pro-blemas de exclusión social. Es una forma de hacer que estas personas salgan al exterior, porque aquí estaban en-claustradas, y no sólo que salgan al exterior, sino que salgan de una manera creativa, artística y sobre todo recono-cida por la sociedad. Tener a un teatro puesto en pie aplaudiéndoles es algo que para ellos es fenomenal, porque en un principio siempre han sido despreciados, marginados y sometidos a ciertos prejuicios.


A partir de 1998 empieza a investigar la aplicación de la música en los trastornos mentales. ¿Por qué?
Porque siempre me atrajo y, además, estuve cinco años con unos indios mejicanos y ahí descubrí la música ritual y me di cuenta de la fuerza que podía tener la música desde otros parámetros para llegar a las personas con dificultades. Yo siempre he creído en el poder de la música, pero cuando descubrí la música ritual me di cuenta de que el poder que yo creía que tenía la música se multiplicaba por cien. Y entonces, a partir de ahí, ha sido cuando he decidido utilizar la música para ayudar a las personas en lo que pudiese.

 

¿Cómo conoció el trabajo que se hacía en El Molí d’en Puigvert?
A través de un amigo mío, Valentí Agustí, el alcalde de Palafolls y el jefe de la comunidad terapéutica del Maresme. Desde siempre hemos sido muy amigos y hemos tenido relación musical, y un día me propuso venir aquí a hacer algo musicoterapéutico, hace nueve años ya. Pregunté: «¿Qué queréis hacer aquí?», y la directora me dijo que había uno que sólo quería tocar la batería. Pensé: «Estupendo, pues vamos a comprar una batería». Conseguí una batería por doscientos euros y después, claro, hubo que comprar un bajo, porque la batería y la guitarra que yo tenía solas no acababan de empastar. Y cuando teníamos el bajo, la batería y la guitarra vimos que las voces no se oían y que teníamos que comprar micros. Y así fuimos poco a poco formando la orquesta.

 

¿Por qué se llama Orquestra de la Bona Sort?
Lo busqué yo el nombre, porque creo que es una gran suerte para todos estar en esta orquesta. Para ellos, para mí y para las personas que van a verlos. Repartimos suerte.

 

La primera actuación internacional será en Berlín.
El concierto es el 21 de marzo y salimos el 19 en avión 34 personas, 15 de la orquesta más cinco cuidadores, dos psiquiatras, dos intérpretes, y se aprovecha para rodar una película. Vienen ocho personas de rodaje, entre ellos cuatro cámaras que van a rodar todo el viaje, la actuación y la visita a Berlín.


¿Cómo surgió la idea de rodar una película sobre todo esto?
Esto surgió porque yo tengo un amigo que es de la familia Bosch, la de los electrodomésticos. Él es el pequeño y es el encargado de la obra social de esta empresa. Nos vio tocar en Barcelona, en el parque de la Ciutadella, le gustó mucho y dijo que nos llevaría a Alemania y, efectivamente, un día nos llamó y nos dijo que estaba organizando el viaje. Estamos muy contentos de poder ir.

 

¿Hay mucha diferencia entre cuando trabaja para esta orquesta y cuando lo hace con otro tipo de colectivo?
Totalmente diferente. Yo trabajo mucho con niños con parálisis cerebral en Tarragona y con otros colectivos también en Barcelona con síndromes muy difíciles. La cuestión es bastante diferente porque son niños, eso lo primero, y segundo, que tienen otro tipo de enfermedad y hay que plantearlo de forma diferente. Todos son agradecidos. Las personas con dificultades, cuando les propones una actividad artística y lúdica y donde se trabaja la resolución de conflictos, todos lo agradecen y se dan cuenta de que pueden hacer mucho más de lo que ellas pensaban.

 

 

bonasort

 

¿Qué les aporta esta orquesta a sus vidas?
Esta orquesta les da autoestima, les da socialmente un rol importante y también una vía artística para expresar sus sentimientos. Les obliga a ciertas cosas que son importantes en la esquizofrenia, como por ejemplo ir limpios, tener el uniforme planchado, estar a una hora determinada en un sitio, tener las partituras arregladas o montar el equipo y desmontarlo. Esto es lo más importante de todo.

 

En el premio Gaudí dedicó unas palabras a todas aquellas personas con las que trabaja y que tienen dificultades.
A todos, porque realmente yo veo que la fuerza que me dan ellos a la hora de componer y de establecer una relación musical ahora mismo es lo más importante que tengo. No soy una persona solitaria, como los compositores, sino que estoy en relación con grupos sociales muy importantes que me están marcando, y por eso les di las gracias.


Hay instrumentos como el monocordio, que utiliza en la musicoterapia y también en la banda sonora de Pa negre. ¿Por qué apostó por estos instrumentos en la película?
En Pa negre he utilizado muchos instrumentos musicoterapéuticos como el monocordio, la sansula, el tambor chamánico o la tinya. Pensé que eran los instrumentos que yo tenía en aquel momento aparte de los normales de guitarra y piano, y pensé que sería una buena cosa colocarlos en una banda sonora porque no había nadie hasta ahora que hubiera utilizado este tipo de instrumentos en cine. Ése fue un paso con el que el director, Agustí Villaronga, estuvo de acuerdo. Lo llevamos adelante y ha sido un éxito en ese sentido.

 

¿Cómo fue el proceso de composición de la banda sonora de Pa negre?
En principio, cuando me llamaron yo estaba retirado de la composición, sólo me dedicaba a la musicoterapia, pero habían probado con cuatro músicos y no les había gustado ninguno, y yo había hecho la película anterior de Agustí. Sabía que no estaba ahora haciendo trabajos para cine, pero insistió y entonces yo pedí unas condiciones bastante importantes, pero me las concedieron y dije: «Vale, vamos a hacerla». A partir de ahí me puse en contacto con Agustí, estuvimos viendo la película juntos. Fuimos viendo las secuencias, viendo dónde pondríamos música y dónde no, qué tipo de música necesitaba la película, y fuimos construyendo la banda sonora sobre la base de unos conceptos que delimitamos los dos. La vi varias veces, primero una vez entera, luego una segunda vez por secuencias y una tercera para repasar.


El director de Pa negre, Agustí Villaronga, ha comentado que en este film no hubiera pegado una banda sonora de gran orquesta.
Yo también estaba muy de acuerdo con eso. Fue un planteamiento muy claro desde el principio. Él sólo sabía eso, que no quería una gran orquesta, pero luego también me prohibió dos instrumentos que son los míos: la guitarra y el piano. Me dijo que no los quería. Con lo cual me dejó bastante en el aire, por eso fue por lo que busqué también esos instrumentos de musicoterapia y otras sonoridades que no son habituales en cines. 


Es el autor de bandas sonoras de muchas películas, también de tea­tro, largometrajes o series de tele­visión como La memòria dels ­Cargols. ¿El Gaudí es el reconocimiento mayor que ha recibido?
Sí porque también estuve nominado para los Goya por Tic-tac; después, la última película anterior a Pa negre que había hecho Agustí estuvo nominada por México para los premios Oscar de Hollywood, pero no llegó a pasar. Le pasó un poco lo que a Pa negre, pero también es un reconocimiento, y en principio pues sí, es lo más importante como premio. No es que yo sea una persona que busque mucho el premio, ni la pelota, ni el halago, porque más bien estas cosas me dan repelús. Por tanto, si me lo han dado ha sido no porque yo haya insistido, sino porque han considerado que era el momento.

 

Estaba retirado de la composición para cine. Después de Pa negre y del Gaudí, ¿ha pensado en volver?
Sí, de hecho ya he vuelto. Estoy haciendo un documental sobre el mar y componiendo una obra monumental increíble para mí, y muy larga, porque es de dos horas y cuarto de duración, sobre los colores para un sistema cromoterapéutico que se llama Spirit Colors, de Marta Cabeza, una terapeuta. Llevo grabadas una hora y media, pero me quedan tres cuartos de hora que tengo que acabar. Y hay otra película que me han propuesto sobre Salvador Espriu. Y, claro, tenemos la película de la Orquestra, que ésa seguro que va con música nuestra.


También ha sido el responsable, por segunda vez, de la música de la Cabalgata de Reyes de Barcelona, donde trabajó junto con el escritor David Cirici. ¿Cómo fue la experiencia?
Muy bonita, y ha sido dos años seguidos. Muy bien, porque la persona con la que he trabajado y que me contrató, Marta Almirall, es una persona con la que he trabajado desde hace más de veinte años. He hecho nueve espectáculos musicales para ella en teatros y nos conocemos muchísimo. Las letras de Cirici me gustaron mucho para las tres canciones que hay, y el resto eran músicas instrumentales para las carrozas. Fue un éxito muy grande de crítica y público. La pena es que no se pudo sacar el disco, pero el año próximo lo vamos a sacar. Los recortes han imposibilitado sacar el disco, y el primer año nos pillo de sopetón. Queremos hacerlo el próximo año con tiempo y bien, incluso antes de la Cabalgata, para que los niños conozcan las canciones y las puedan cantar ese día. 


Su padre fue el compositor de la canción «Vamos a la cama». Su relación estrecha con la música supongo que le viene desde pequeño.
Sí, mi abuelo era músico, mi padre músico, y de los seis hermanos que somos tres somos músicos en diferentes áreas. La canción nos marcó, ¡y tanto! Se hizo famosísima, los dibujos estaban muy bien, la música era muy bonita, y nosotros estábamos encantados con esta canción. Mi padre falleció hace dos años y yo le recuerdo mucho por todo lo que hizo, ese tema, el himno del Atlético de Madrid y otros anuncios.  


¿Le extrañó a la familia que se fuera a dedicar a la rama de la sonoterapia?
La sonoterapia fue algo que busqué yo porque también quedé un poco harto del cine. Cuando me fui del cine no era un capricho, llevaba 15 años componiendo para cine, y más de 15 años haciendo una cosa yo no aguanto. Tuve que cambiar porque, además, me interesaba tener otra experiencia musical, y no sólo la sonoterapia, la musicoterapia me ha abierto cantidad de posibilidades y puertas y trabajo en instituciones muy potentes. Estoy encantado con esta profesión que tengo.

 

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