Las voces de Juana de Arco

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“Tenía trece años cuando oí una voz que venía de Dios”. Las famosas voces que guiaron la estrategia militar de Juana de Arco durante la Guerra de los Cien Años —entre los siglos XIV y XV— la convirtieron en la heroína de Francia. ¿Pero cuál era la causa de que la Doncella de Orleans escuchara aquellas voces? Hasta ahora, sólo se atribuían a un trastorno de salud mental. Recientemente, un estudio de las Universidades italianas de Foggia y Bolonia han puesto sobre la mesa la hipótesis de que sufría un tipo de epilepsia que afecta a la parte del cerebro encargada del oído.

 

Escrito por: Oriol Gracià

Juana de Arco apenas había comenzado el periodo de la adolescencia cuando empezó a oír las primeras voces, normalmente en los momentos de recogimiento y plegaria. Eran las voces del arcángel San Miguel, protector del Reino de Francia. La experiencia iba acompañada de un gran resplandor. Aquellos hechos fueron en aumento hasta el punto que las voces de aquel Santo le encomendaron una misión: salvar Francia de la opresión de Inglaterra.

 

Juana de Arco oía las voces dos o tres veces por semana y le revelaban la estrategia militar que se tenía que poner en práctica para poder acabar con el asedio de Orleans, uno de los puntos estratégicos para el dominio del valle del río Loira, en plena Guerra de los Cien Años. Por eso, se presentó varias veces ante el futuro rey Carlos VII, para ofrecerle su complicidad en la batalla. “No sé distinguir la a de la b [era hija de padre labrador y no había sido escolarizada], pero Dios me envía para otra tarea: romper el asedio de Orleans”, aseguran que dijo ante el monarca.

 

La Francia de la época era un avispero, por las tensiones entre personas autóctonas e  inglesas invasoras, pero también por las disputas entre los mismos pueblos de Francia. Y quizás por la necesidad de controlar la situación, el rey confió en la Doncella de Orleans que se puso al frente de las tropas militares francesas —equipada con una armadura blanca y trayendo un estandarte— para liberar las ciudades de Orleans y París, entre otros. Siempre guiada por las voces.

 

Hace tiempo que historiadores/as interesadas para desgranar el grano de la paja han intentado analizar el porque de aquellas audiciones. De teorías han circulado de todos los colores: algunos estudios lo han atribuido a simples alucinaciones, otros a algún tipo de trastorno de salud mental como la esquizofrenia o, incluso, a una obsesión religiosa derivada de la fe desenfrenada que le había inculcado su familia.

 

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El año pasado el doctor Giuseppe d'Orsi, neurólogo de la Universidad de Foggia, y Paola Tinuper, profesora asociada de ciencias biomédicas y neuromotores en la Universidad de Bolonia, quisieron aportar un poco de luz sobre el caso y pusieron sobre la mesa una nueva hipótesis: Juana de Arco habría sufrido un tipo de epilepsia que afecta la parte del cerebro responsable de la audición. Científicamente se llama Epilepsia Parcial Idiopática con características Auditivas. Se trata de una variante de la enfermedad de causa genética y que afecta las partes del cerebro desde las cuales se controla el sentido del oído.

 

La conclusión del Giuseppe d'Orsi y Paola Tinuper llega después de más de diez años de estudio de documentos históricos, especialmente de aquellos que hacen referencia al juicio en el cual Juana de Arco fue acusada de comportamientos herejes y brujería y, finalmente, condenada a muerte en la hoguera.

 

Según las investigaciones, las alucinaciones auditivas —y también ocasionales alucinaciones visuales— que la Doncella de Orleans describió en más de una ocasión pueden ser síntomas de la epilepsia. Las convulsiones a veces también llegaban durante el sueño. “Estaba dormida. La voz me despertó […] Me despertó sin tocarme”, declaró la heroína francesa el invierno de 1431 durante una prospección médica. Estas palabras refuerzan la teoría italiana, y es que el 40% de las personas con Epilepsia Parcial Idiopática sufren convulsiones mientras duermen. En algunos documentos, incluso, la heroína francesa explica que, a menudo, era el sonido de las campanas el que desencadenaba las voces. De hecho, según Orsi y Tinuper, está comprobado que algunos tipos de sueños pueden acontecer un elemento detonante de ataques epilépticos.

 

Todas las piezas no encajan
La hipótesis de los estudios italianos tiene fundamentos científicos pero todavía faltan piezas a encajar para resolver todos los enigmas y validar todas las conclusiones. Durante un interrogatorio público del 22 de febrero de 1431, Juana explicó que oía las voces “dos o tres veces por semana”, a pesar de que unos días más tarde aumentaba la frecuencia y declaraba que no había día “en el cual no oyera las voces”. Es precisamente esta frecuencia lo que genera más dudas, porque puede anular la diagnosis de las investigaciones italianas: las personas que sufren Epilepsia Parcial Idiopática no acostumbran a sufrir convulsiones tan a menudo, a pesar de que ciertos fármacos pueden alterar los ritmos. Ahora bien, no se ha podido comprobar que Juana de Arco hubiera tomado ningún tipo de sustancia que propiciara el aumento de la frecuencia de las convulsiones.

 

Las dificultades para demostrar la causa de las voces que oía Juana de Arco son evidentes, sobretodo si se tiene en cuenta que se tiene que hacer la diagnosis de una persona que murió hace casi seiscientos años. Parece que todavía queda una esperanza para poder confirmar la teoría: una prueba de ADN. Giuseppe d'Orsi y Paola Tinuper todavía no han tirado la toalla y hace tiempo que buscan alguna carta escrita por Juana de Arco, porque se cree que —como era habitual en la época— sellaba las misivas con cera roja, estampaba la huella dactilar y enganchaba también una muestra de cabello para dar fe de su identidad.  Y es en este cabello donde hay la clave de cualquier desenlace: encontrar uno de los pelos permitiría hacer un análisis genético con información sobre el trastorno que sufrió (o no) Juana de Arco. De momento, la investigación ha sido infructuosa.

 

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Una heroína nacional a la hoguera
Santa patrona de Francia. Así es cómo ha pasado a la historia Juana de Arco. Fue la joven que guiada por las voces y después de convencer el rey Carlos VII consiguió dar un giro decisivo a la Guerra de los Cien Años.

 

Con su estrategia militar salvó Francia de la ocupación inglesa y unió el país en uno de sus momentos críticos. Juana de Arco había nacido en el seno de una humilde familia dedicada al campesinado del pequeño pueblo de Domrémy-les-Greux, situado al nordeste de Francia entre las regiones de la Champaña y Lorena.

 

A pesar de la épica de sus gestas —que con los años le han valido el nombre de heroína nacional— la doncella de Orleans murió en la hoguera el 30 de mayo de 1431, después de caer prisionera en manso de Inglaterra, que la acusó de brujería y herejía por oír voces.

 

Juana de Arco se reafirmó en sus revelaciones y detalló que siempre había actuado según el mandato divino. El tribunal eclesiástico no aceptó la argumentación y, finalmente, fue quemada públicamente en medio de la plaza del mercado viejo de Rouen, en Normandía, cuando todavía no había ni cumplido los 19 años. Sus cenizas fueron abocadas al río Sena. Y en 1920 fue declarada Santa por el Papa Benedicto XV.

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