El desafío de las vacaciones y el ciberayuno

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Estamos acostumbradas a quejarnos de nuestro trabajo, pero cuando nos toca descansar nos sentimos liberadas al principio y poco después ansiosas. Tardamos a acostumbrarnos a no hacer nada, no sabemos qué hacer con el cuerpo y mucho menos con la mente.

Escrito por: Raquel Ferrari, psicoanalista
rferrari.wordpress.com

 

Este es el origen de la hiperactividad que marca el tiempo libre de las vacaciones con actividades y compromisos sociales muchas veces agotadores. Claro que el ocio tiene una veta activa pero, junto con este aspecto, es imprescindible reservar tiempo para el descanso puro y duro. Así de simple y así de imposible.

 

Tiempo para dormir, cuidarnos, mirar sin intervenir, relajarnos, permanecer calladas. Acumulamos el cansancio psíquico, sin darnos cuenta, pensando que siempre podemos algo más. Entonces ante la perspectiva del verano hay que estar atentas a las señales del cuerpo: mandíbula tensa, espalda encorvada, problemas intestinales, tos nerviosa, dolor lumbar, dolor de cabeza, bostezos continuos; y también a las señales emocionales: sensación de desamparo, de pérdida del control, irascibilidad, falta de concentración, mal humor, reacciones extremas. Si nos sentimos identificadas con estos síntomas seguramente nuestras costumbres favorecen el desequilibrio y la fuga hacia adelante. Hay que tener cuidado con repetir el ciclo durante las vacaciones.

 

El rumor incesante que generan los pensamientos puede ser una de las causas del cansancio y de los problemas de relación que aparecen en las vacaciones. Aprender a vaciar la mente hace que nos sentimos más ligeras, más creativas. Uno de los temas más complicados de tratar tiene que ver con el uso de redes sociales virtuales durante las vacaciones.

 

El buen uso de las redes sociales sugiere una forma mucho más amplia de percibir el mundo, permite construir posibilidades y mejorar los vínculos reales. Se trata de aprehender y no sólo de aprender, vivir en modo selfie en vez de mirar directamente un paisaje, en el cual además hay olores, sueños, y experiencias sensoriales ausentes en la pantalla (es una forma de empobrecimiento psíquico). Smartphones, iPads y todo tipo de recursos de conexión móvil pueden invadir la vida personal y familiar, igual que lo hace este amigo o amiga indiscreta que se cuelga del teléfono 40 minutos para explicarnos cosas que sólo le importan a ella. Es bueno practicar el ayuno digital, como es bueno mantener los espacios en la vida real. Y las vacaciones son el mejor momento para hacerlo.

 

Habría que pensarlo dos veces si cuando salimos a cenar resulta que el iphone o la tablet se sientan con nosotros en la mesa, o comprobamos el Whatsapp antes de dar los buenos días. ¿Cómo cambiar esto? Practicando el ciberayuno, sólo con unas sencillas reglas:

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Una vez superada esta fase de ciberayuno (o desintoxicación), cuando volvemos a nuestra actividad habitual tenemos que evitar caer en la trampa de ir de una búsqueda a otra en Internet para recuperar el tiempo perdido.¡ Mira una sola pantalla cada vez!

 

Probablemente no nos parezca problemático subir a Instagram fotos de cada café que nos tomamos o de cada chapuzón que nos damos en una increíble playa de Grecia. Tampoco nos parecerá extraño mantener dos o tres conversaciones por Whatsapp o Facebook mientras leemos el diario online. La realidad es que poco estamos haciendo por nuestro descanso psíquico si no controlamos algunos hábitos durante nuestras vacaciones.

 

Es imposible hablar de redes sociales sin hablar de vínculos, de relaciones, de contacto. El psiquiatra Pichon-Riviere definía el vínculo como una situación bicorporal y tripersonal, donde el tercero es aquel que me invento proyectado en el otro, este que creo que es el otro en la realidad.

 

¿Y qué pasa si esta realidad es virtual? Podemos anticiparnos a un encuentro con alguien o al lugar que visitaremos o donde nos alojaremos a través de Google, o averiguar quién es esta persona, qué aspecto tiene, que hace y quién son sus amigos y amigas, o qué críticas tiene el establecimiento hotelero o el restaurante al que queremos ir en portales como Tripadvisor.

 

Googlear, este nuevo verbo, cambia totalmente la ecología de nuestras experiencias, ya no hay que imaginar cómo será, sólo basta con buscar en imágenes de Google. Esta nueva forma de vincularse no tiene por qué ser un problema, puesto que aquello virtual es un vínculo, una forma de organizar una relación tanto interna como externa con personas e información.

 

Las redes sociales virtuales tienen algunos efectos en la forma en que las personas contactan, por ejemplo: generan una inclinación muy rápida, organizan una identidad que parece definirse por la vida en la pantalla, y estimulan el protagonismo del inmediato, puesto que una pantalla y un teclado nos permiten dejar la marca de nuestra historia.

 

Por supuesto, no se trata de satanizar la vida digital acorde a nuevas posibilidades de vinculación, pero no nos engañemos, no hay nada nuevo bajo el sol, las redes sociales siempre han sido la forma de vínculo más necesaria: ha cambiado la forma, pero no el fondo.

 

La clave no está en evitar la vida digital sino en interactuar con la tecnología sin que esta sea el centro de atención y nos impida el placer de descubrir cosas nuevas. Como en la vida real.

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