Ramon Llull, el místico 'phantasticus' de las letras catalanas

Ramon Llull 1

Le colgaron el nombre de "Doctor Iluminado". Era considerado un loco y un genio a la vez. De hecho, su pensamiento revolucionario lo convirtió en uno de los filósofos más influyentes del final de la Edad Media. Un auténtico sabio en la obra del cual tienen cabida la filosofía, la religión, la ciencia y la mística. Los delirios, las obsesiones y el carácter compulsivo de Ramon Llull explican en buena medida su obra ingente, orientada a demostrar la veracidad de la fe cristiana.

 

Escrito por: Oriol Gracià

En el siglo XIII Ramon Llull escribió "En la paraula se mostra hom foll". Este poeta, teólogo, filósofo, científico y misionero nació en Ciutat de Mallorca en una fecha incierta al poco de la conquista catalana, entre los años 1232 y el 1235. Hijo de una familia acomodada barcelonesa, llegó a ser nombrado preceptor del infante Jaime, el futuro rey Jaime II, rey de Mallorca y conde de Provença y Cerdanya. De una gran capacidad mental y espiritual, fue el gran 'creador' de la lengua catalana —uno de los primeros filósofos europeos que se expresaban en lengua vernácula— y precursor de la lógica moderna. Pero su objetivo vital se focalizó en una idea: demostrar la veracidad de la fe cristiana. Era un hombre de personalidad compleja que desencadenó la admiración otras personas por su rareza, por la ambición desmesurada y por la grandilocuencia de las ideas. A Llull se lo conocía como el Doctor Iluminado. De hecho, él mismo se calificó de phantasticus, palabra latina que en época medieval significaba ‘loco’. Hoy llevaría la etiqueta de persona con trastorno de salud mental.

 

Las cinco alucinaciones
Hacia el año 1263, cuando Ramon Llull tenía unos treinta años, la vida le hizo un vuelco. Una noche, mientras escribía un poema a una amante, sufrió alucinaciones durante las cuales vio Jesucristo. El episodio se repitió semanas después. Hasta cinco veces en un periodo relativamente corto de tiempo. Y en aquellas apariciones milagrosas Dios le pidió que dejara la vida disoluta que lo ocupaba para dedicarse exclusivamente a servir el Señor. Llull habría desarrollado un tipo de delirio psicótico que cambió sus ideales: la fuerza de aquella relación con Dios fue tal, que se vio capaz de sacrificar las relaciones familiares, el sexo, los placeres materiales e, incluso, la vida misma. Y no fue una cuestión de fe, sino más bien de certeza y convencimiento. A partir de aquel momento concentró los esfuerzos a predicar la fe para combatir "la falsa verdad de los musulmanes", a escribir un libro dictado directamente por Dios que ayudara a combatir los errores de las personas infieles y a la fundación —con la complicidad de papas y reyes— de monasterios para instruir en el estudio del árabe y otras lenguas orientales.

 

Esta relación tan privilegiada con la divinidad se podría calificar de megalomanía, una obsesión grandiosa y extravagante propia de la psicosis parafrenia, un trastorno que se caracteriza por un sistema organizado de ideas delirantes, sin el deterioro de la inteligencia ni de la personalidad. Las personas que la sufren tienen facilidades para adaptarse a la vida cotidiana porque no muestran daños psíquicos y las facultades intelectuales restan intactas. Es más, las pacientes con esta diagnosis acostumbran a hacer un uso extremadamente creativo y preciso de la lengua, con un gran impulso para la creación literaria. Como sería el caso de Ramon Llull.

 

Ramon Llull 2

 

El rechazo de las autoridades
A pesar de su voluntad de fundar monasterios y expandir la fe cristiana por todos los territorios conocidos, este no fue un camino de rosas. Sobre todo, porque ni los reyes ni la jerarquía eclesiástica nunca se mostraron muy interesados en los proyectos del mallorquín, quizás pensando que sus ambiciones eran desmesuradas y estaban fuera de lugar. Y como las autoridades no codiciaron su ideario, Llull cayó en periodos depresivos, tal como reflejó en el Desconhort. Este poema es un relato de carácter autobiográfico escrito en Roma en el 1295. El autor se  presenta como un ermitaño, en un momento en el cual sufre un cuestionamiento personal, entre burlas e indiferencia. Es cierto que Dios lo avala, pero sus representantes en la tierra lo ningunean. Con todo, convencido por la fuerza de su carácter evangelizador y decepcionado por la falta de complicidades entre sus contactos diplomáticos, Llull se propuso de viajar a los países con predominio de la religión musulmana. Visitó, entre otras muchas, ciudades como Bujía, Túnez y Jerusalén.

 

De hecho, el conocimiento del árabe era uno de los puntos fuertes de Ramon Llull y lo convertía en un caso casi único entre los teólogos y los filósofos latinos del momento. Y no destacó solo por el conocimiento de la lengua con la cual está escrita el Corán, sino también por la filosofía árabe y la religión musulmana. Además, buscó el mínimo denominador común de las diversas religiones mediterráneas con el objetivo de llegar a un entendimiento entre los musulmanes y los judíos, entre los cristianos griegos y los latinos. Pero su voluntad topaba con la realidad: el desconsuelo de no poder conseguir convencer personas musulmanas y judías de convertirse al cristianismo lo sumergió en periodos de retiro contemplativo en los cuales basculaba entre episodios depresivos y eufóricos, un tipo de montaña rusa del estado de ánimo que hace pensar en un posible trastorno bipolar.

 

Una obsesión desmesurada por el orden
El estudio de la biografía de Ramon Llull y de su inmenso legado literario permite observar los rasgos obsesivos y compulsivos de su personalidad, tanto en la obstinación y el comportamiento para triunfar en sus misiones para evangelizar —principalmente— las personas musulmanas como en la necesidad de orden que también se hace notar en sus relatos: las referencias numéricas para organizar su obra son presentes en casi todos sus escritos. Por ejemplo: la obra sobre su contemplación de Dios la divide en cinco libros porque Jesucristo tuvo cinco llagas durante la crucifixión; a la vez, cada libro tiene cuarenta capítulos en referencia a los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto; y cada capítulo tiene trescientos sesenta y cinco apartados porque Dios dividió el año en este número de días.

 

Ramon Llull 3

 

Phantasticus
A pesar de la importancia de su trastorno de salud mental para entender la biografía de Ramon Llull —y, especialmente, su obra—, esta es una vertiente de su personalidad que no se ha analizado con suficiente profundidad. Quizás porque tildar un gran sabio medieval de phantasticus a veces puede parecer políticamente incorrecto. Lo que sí que queda claro es que Llull vivió una vida intensa y larga. Murió con más de ochenta años —cosa poco frecuente en la época— cuando volvía hacia Mallorca desde Túnez, donde había ido a debatir con los musulmanes. No está claro si el deceso se produjo en el barco de vuelta o en Mallorca mismo. Con trastorno de salud mental o no, nadie ha puesto en cuestión ni su inteligencia ni su influencia en el pensamiento hacia el final de la Edad Media. Y quizás algunas personas pueden llegar a interpretar que es gracias a su trastorno de salud mental que pudo desarrollar una obra ingente, que hoy todavía es motivo de estudio en el mundo de la filosofía y el pensamiento.

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