La doble lucha de Marie Curie

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La vida de la científica polaca Marie Curie fue pura lucha. Superó el machismo de la sociedad de la época y también una depresión que la persiguió toda la vida. A pesar de las trabas, fue la primera persona galardonada con dos premios Nobel por sus estudios sobre la radioactividad.

 

Escrito por: Oriol Gracià

Los primeros síntomas del trastorno se empezaron a manifestar cuando tenía once años. Maria Sklodowska (más tarde conocida con el nombre de Marie Curie, Varsovia, Polonia, 1867—Sallanches, Francia, 1934) apenas entraba en la adolescencia cuando murieron su madre y una de sus hermanas. En aquel momento ya confesó que había sufrido una "profunda depresión", a pesar de que más tarde utilizaría otras palabras para referirse a ello —fatiga, agotamiento o, simplemente, problemas de nervios—, quizás para ocultar su estado a familiares y amistades. El luto desapareció, pero el estado de ánimo se consolidó. Y para soportar el dolor se refugió en los libros de ciencia, los tubos de ensayo, las pipetas y otros materiales del laboratorio de su padre, que era profesor de matemáticas y física.

 

La directora de su primera escuela la definió como una chica "sensible y psicológicamente frágil". A pesar de esto, o quizás por eso, era una alumna exigente y obsesionada por rendir académicamente. En el instituto se adaptó al sistema de enseñanza rusa (Polonia era un territorio administrado, según las regiones, por Austria, Prusia y Rusia), y a los quince años acabó los estudios con la mejor nota de la clase y una medalla de oro como mejor alumna de la promoción. Como las chicas tenían restringido el acceso en la educación superior, decidió emigrar a Francia para continuar los estudios en la Universidad de la Sorbona de París. En la época, la capital francesa era uno de los polos de atracción de la intelectualidad europea y ejercía una poderosa atracción para los jóvenes interesados en el estudio de las ciencias.

 

Pero allá la situación de la mujer no era tampoco muy buena: de los 776 estudiantes de la Facultad de Ciencias solo 23 eran mujeres, media docena de las cuales extranjeras. Esto no fue un obstáculo para la joven Maria Sklodowska, que acabó una doble licenciatura con la nota más alta de la promoción de Física y la segunda más alta de Matemáticas. No cabe decir que con este currículum le fue fácil de encontrar el primer trabajo: se inició en la investigación científica en el laboratorio de Gabriel Lippmann, un físico francés especializado en el estudio de la fuerza electromotriz. Poco tiempo después conoció al también físico Pierre Curie, con quien contraería matrimonio el 1895.

 

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De la radioactividad al Nobel de Física
Marie y Pierre Curie profundizaron en el estudio de la radiactividad, un camino que había abierto el físico Antoine Henri Becquerel. En su tesis, Marie y Pierre consiguieron demostrar que los rayos descubiertos por Becquerel procedían de una propiedad intrínseca de los átomos: la radioactividad. Experimentando con sustancias diversas aislaron un elemento cuatrocientas veces más radiactivo que el uranio y que bautizaron con el nombre de Polonio (por el país natal de la científica). Más tarde aislarían otro elemento todavía más radiactivo, el radio, mediante el proceso de cristalización diferencial. Desarrollaron un método de indicadores de radiación y, después de observar los efectos que el radio provocaba sobre la piel, los Curie propusieron el uso de este elemento para tratar tumores cancerosos, cosa que más tarde se denominaría radioterapia. Estos estudios revolucionarios fueron debidamente reconocidos el 1903, cuando Marie Curie fue la primera mujer en recibir un Nobel, junto a Pierre Curie y Henri Becquerel.

 

Pero aquella época de esplendor duraría muy poco. Un día lluvioso de abril de 1906, un coche de caballos deslizó por el empedrado de la calle Dauphine de París mientras Pierre cruzaba hacia la otra acera, con tan mala suerte que fue arrastrado, cayó y se fracturó el cráneo. Marie Curie enviudó con solo 39 años y su delicado equilibrio emocional se desestabilizó. Otra vez volvió con fuerza la depresión, de la cual pudo salir solo gracias a su pasión por la ciencia (ocupó la cátedra que Pierre había dejado libre y fue la primera mujer en impartir clases en la Sorbona) y al interés para educar sus hijas.

 

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El 1911 recibió un segundo premio Nobel (fue la primera persona de la historia que recibió dos de estos premios) por la misma cadena de trabajos: "En reconocimiento a sus servicios en el adelanto de la química por el descubrimiento de los elementos radio y polonio, el aislamiento del radio y el estudio de la naturaleza y los compuestos de este elemento". Asistió a la ceremonia del Nobel acompañada de su hermana y su hija. En el discurso de aceptación dejó claro sus méritos: "Soy la única responsable del aislamiento del radio como una sal pura". Sus aportaciones a la historia de la ciencia quedaron muy claras.

 

Un escándalo en la prensa sensacionalista
El otoño de 1911, Marie Curie volvía a su casa de Sceaux desde Bruselas, donde había asistido en un congreso del International Solvay Institute en el cual se habían reunido las principales eminencias del mundo de la física, entre las cuales el científico Albert Einstein. Hacía pocos días que la prensa había destapado la relación extramatrimonial que Paul Langevin —físico francés conocido por su teoría del magnetismo y por la organización del congreso Solvay— mantenía con Marie Curie. Su mujer había enviado a los principales rotativos franceses las cartas que los dos amantes se habían intercambiado y la noticia desencadenó un escándalo: los artículos la acusaban de romper una familia, de "furcia judía" y mujer "tentadora" o mujer "inmoral". También atacaban su religión y su procedencia: en la sociedad francesa de la época, tal como pasaba en otros países de Europa, el antisemitismo y la xenofobia eran ideas al alza. Al llegar a casa, encontró una muchedumbre de gente enfurecida que la insultaba, la escupía y le tiraba piedras. Muchas antiguas amistades le giraron la espalda.

 

Albert Einstein, en cambio, le envió una carta de apoyo: "Querida señora Curie. Estoy tan enojado por la forma en que el público cree tener el derecho de involucrarse en sus asuntos que, definitivamente, tengo que expresarlo. [...] Me siento en la obligación de decirle cómo admiro su intelecto, su propósito y su honestidad, y que me considero afortunado de haberla conocido personalmente en Bruselas". A pesar de aquel mensaje reconfortante, la situación la sobrepasó y, pocos días más tarde, Marie Curie ingresó de urgencias al hospital, oficialmente como consecuencia de una dolencia renal. En realidad había sufrido una crisis nerviosa que había derivado en una de las depresiones más profundas de su vida.

 

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Radiación sin protección adecuada
La dedicación a la investigación, otra vez, fue la válvula de escape que le permitió de trampear la depresión. De hecho, la ciencia le dio vida, pero también le provocó la muerte. Los efectos mutagénicos de la radiactividad no fueron descubiertos hasta el 1927 por el genetista norteamericano Hermann Joseph Muller. Como Marie Curie no tenía un buen conocimiento de los efectos nocivos de la exposición a la radiación, nunca tomó las precauciones necesarias. Años de exposición directa a los elementos radiactivos y a los rayos X derivaron en molestias pulmonares crónicas, ceguera parcial, un aborto, problemas en los riñones y una anemia que puso fin a su vida el verano de 1934. Una vida en la cual demostró al mundo que ni la xenofobia, ni el machismo, ni la depresión son un impedimento para pasar a la historia como una de las grandes científicas internacionales.

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