Harry Potter contra la depresión

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J. K. Rowling, autora de una de las sagas literarias más famosas de los últimos años, ha hablado públicamente sobre su lucha contra la depresión. En más de una ocasión ha explicado que la escritura fue una de las herramientas que usó para afrontar el trastorno. De hecho, en los libros del aprendiz de brujo más famoso de todos los tiempos encontramos la huella sutil de este proceso de superación.

 

Escrito por: Oriol Gracià

A principios del año 2018, una joven lectora apasionada por la saga literaria del brujo Harry Potter explicaba que había empezado a releer los libros del famoso mago porque "sufría un episodio severo de depresión" y quería "fortalecer su Patronus", el hechizo que, según la ficción creada por J. K. Rowling, protege las personas de sus miedos. "Reencontrarme con este mundo mágico y ficticio me sirve de válvula de escape cuando más lo necesito", aseguraba la chica. Cuando Rowling, la autora de los libros, oyó las palabras, no se pudo estar de contestar vía Twitter: "Las historias de Harry Potter también me salvaron a mí de la depresión. Nada me hace más feliz que hayan hecho el mismo efecto en otras personas", escribió. Aquella no era la primera vez que la escritora hablaba públicamente sobre su lucha contra la depresión. "Escribir los libros ha sido una terapia para superar los momentos más difíciles de mi vida", había dicho más de una vez cuando algún periodista indagaba en su vida personal. Y es que, a pesar de su éxito —del séptimo y último volumen de la saga, titulado Las reliquias de la muerte, vendió once millones de copias en tan solo un día—, J. K. Rowling ha tenido una vida difícil de la cual, por cierto, no se  avergüenza. Más bien todo lo contrario.

 

Joanne Rowling —este es su nombre de nacimiento— nació el 31 de julio de 1965 en un pequeño pueblo de Inglaterra. Creció junto a su hermana Dianne y su gran amigo de la infancia Ian Potter. Inspirada por los libros que tanto le gustaba leer —desde los clásicos de Charles Dickens hasta El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien—, la pequeña Joanne pasó buena parte de su niñez distrayendo su hermana y su compañero con historias fantásticas que ella misma se inventaba. El profesorado y el alumnado de aquellos días la recuerdan como una chica introvertida, buena alumna y tranquila. Pero mientras sus compañeros y sus compañeras de escuela se divertían al recreo o salían de fiesta, ella prefería encerrarse en casa a leer. Con su padre y su madre tuvo una relación problemática, sobre todo a partir de la adolescencia, cuando se convirtió en fan de la cantante inglesa Siouxsie Sioux, que al final de los años setenta fue jefe de la legendaria agrupación postpunk Siouxsie & The Banshees. adoptó el cabello negro y el uso marcado de la línea negra de los ojos, un look que lució hasta muy entrada la época universitaria.

 

Pronto, su afición por la literatura se convirtió en pasión desmesurada. Estudió filología francesa y clásica y, lejos de dejar atrás el sueño de dedicarse en la lengua y la literatura, enseguida empezó a escribir de manera regular. Y fue en aquel momento que su madre —la persona que le había dado más apoyo en la nueva carrera profesional— murió después de ser diagnosticada de esclerosis múltiple. Devastada por el dolor y sumergida en pensamientos negativos, Rowling decidió marchar a vivir a Portugal, donde le habían ofrecido la posibilidad de trabajar como profesora de idiomas. En Oporto, Rowling se casó y tuvo una hija. El matrimonio, pero, acabó en fracaso porque el marido tenía problemas con el alcohol. Así que tres años después de su llegada a Portugal se instaló en Edimburgo, la capital de Escocia, donde vivía su hermana. Rowling viviría uno de los peores momentos de su vida: cayó en una depresión, no tenía trabajo y vivía de los subsidios públicos. La escritora encontró la manera de superar la negatividad y de canalizar los pensamientos en ideas que, al final, fueron forjando la mitología de los libros de Harry Potter, personaje sobre el cual la autora proyectó su propio sentido de pérdida —la de su madre, especialmente—, tal como se hace notar en el primer libro de la saga. Un libro, por cierto, que empezó a definir desde la cafetería Elephant House de Edimburgo, con vistas sobre la fortaleza que corona la old town de la capital escocesa.

 

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Después de recibir el no de una docena de editoriales, en 1995 pudo publicar finalmente Harry Potter y la piedra filosofal. En pocos meses se convirtió en un best-seller, porque, contra todo pronóstico, la publicación fue todo un éxito no solo en el Reino Unido, sino también en los Estados Unidos. De hecho, el triunfo fue tan irresistible que en la otra punta del mundo Scholastic Corporation, una editorial norteamericana, compró los derechos del libro y libró más de 100.000 dólares a la escritora para que continuara escribiendo la saga, sin preocuparse por la economía. Además, el trabajo de Rowling fue reconocido con el premio a el mejor cuento infantil del año. Así nacieron Harry, Hermione, el inseparable Ron Weasley, Dumbledore, Draco Malfoy, Sirius Black y Lord Voldemort, entre otros. Niños y no tan niños se engancharon a una saga literaria de hasta siete volúmenes. El colofón de un éxito precedido por una vida —la de la escritora— marcada por el dolor y la depresión.

 

Las criaturas del mal que roban la felicidad
"Conozco la tristeza. La tristeza es llorar y sentir. Es esta ausencia fría de sentimientos, esta sensación realmente vacía. Esto es el que son los dementores", explica J. K. Rowling. Y es que la escritora canalizó su angustia mediante la creación de los dementores, criaturas que absorben el dolor de las otras y que toman protagonismo narrativo a partir del tercer volumen de la saga. "Los dementores están entre las criaturas más nauseabundas del mundo. Infestan los lugares más oscuros y más sucios. Disfrutan con la desesperación y la destrucción ajenas, se llevan la paz, la esperanza y la alegría de todo lo que les rodea... Si te acercas a un dementor, perderás hasta al último sentimiento positivo y hasta el último recuerdo feliz. Si puede, el dementor te convertirá en un ser malvado y maligno", explica Remus Lupin, uno de los mejores amigos del padre de Harry Potter, en uno de los libros de la saga. Los dementores son seres horribles de gran altura, cubiertos por una capa de color negro. Son temidos porque se alimentan de la felicidad y de los recuerdos alegres. Solo dejan la tristeza y la desolación. Cuando están cerca de las personas se siente un gran frío y se puede constatar un descenso en la temperatura. Se asemejan a los seres humanos porque tienen el cuerpo de una persona, pero en cambio no tienen rostro definido, solo cubierto por una boca que es un orificio abierto. Además, son criaturas putrefactas y tienen la capacidad de volar. Para asustar a un dementor —símbolo de la tristeza y la depresión— solo el hechizo del Patronus es efectivo.

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