Ciberaddicciones. ¿Cómo tratarlas?

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En un mundo en el cual prevalecen las conductas adictivas con y sin sustancias, el uso abusivo de pantallas se ha transformado en un desafío para la psicoterapia. Está claro que, si sacamos la cabeza a las nuevas formas en que procesamos información y interactuamos mediante la tecnología, algo está pasando, y no es siempre una cosa buena. Ya es posible detectar importantes diferencias culturales en el uso de Internet, sobre todo entre las personas más jóvenes.

Escrito por: Raquel Ferrari, psicoanalista
rferrari.wordpress.com

El Kaohsiung Medical University Hospital (Taiwán) valoró en un 11% el porcentaje de adolescentes obsesionadas con la red, que sube al 14% en la China. Por su parte, la Georgia Regent University (Augusta) lo fija en un 4% en los Estados Unidos. Desde 2002, el doctor Scott E. Caplan, de la Universidad de Delaware, ha estudiado la relación entre algunas características psicosociales y la respuesta en Internet. Según estos estudios, las personas ansiosas o deprimidas tienden a utilizar más Internet, y no al revés. No es que la red cree la patología, sino que es solo un canal que puede ser utilizado de muchas maneras diferentes. Según esta mirada, en la actualidad nos enfrentamos, como profesionales de la psicología, a nuevos fenómenos asociados a cuestiones interpersonales como el ciberbullying (el acoso cibernético), las relaciones conflictivas a través de la red y el aumento del uso problemático de los teléfonos móviles.

 

Desde el punto de vista ciberpsicológico, nuestro desafío como profesionales de la salud consiste en hacer una correcta lectura diagnóstica de las demandas que requieren nuestra intervención, para trabajar después por medio de intervenciones psicoterapéuticas eficaces y eficientes. Un análisis de esta información nos permitirá encuadrar el contexto y, así, trabajar en una propuesta psicoterapéutica. Hablar solo del qué —muchas horas conectada— sin considerar el cómo y, sobre todo, el porqué, no es una vía correcta de definir una patología; es necesario superar la mera descripción de una conducta si queremos trabajar en una clínica seria de la Psicología de Internet. 

 

Por ejemplo, un uso abusivo de pantallas como síntoma de un desorden mayor sugerirá siempre un cierto grado (elevado) de irritabilidad junto con una preocupación permanente para volver a estar en el ciberespacio. Si en la interacción online invertimos tiempo y dinero excesivo, como es el caso de algunas usuarias de juegos de azar online o de videojuegos, y si se detecta una marcada sensación de bienestar al conectarse, se miente sobre el tiempo que se permanece en la red y se alteran los patrones de sueño, es probable que  estemos frente a un nivel de dependencia con una marcada pérdida de la autoregulación.

 

En estos casos, si detectamos que una verdadera "furia narcisista" se ha dejado caer en los relatos de las historias de estas personas enganchadas a la red, las cuales comentan en la consulta sus pensamientos y sus emociones porque un perfil se ha borrado, una relación online ha acabado o, simplemente, se les ha roto el ordenador o se ha agotado la memoria de su teléfono móvil, tendremos que establecer en primer lugar un contexto diagnóstico, pero nunca centrándonos solo a cambiar conductas o restringir el uso. 

 

Solo hay que fijarse en el éxito de los blogs de desarrollo personal y la busca de hitos extraordinarios como medida del éxito. ¿Cuántos amigos y amigas tienes en Facebook? ¿Cuántos seguidores y seguidoras en Twitter o Instagram? Se trata de nuevos discursos, nuevos escenarios para viejas cuestiones. No valen los reduccionismos teóricos o técnicos.

 

Las personas que empiezan a pensar que quizás tienen un problema intentan resistir imponiéndose periodos de abstinencia forzosa del ordenador, a los cuales suelen seguir verdaderos atracones informáticos. En un caso como este, en el cual el aspecto del placer ligado en la búsqueda es determinante, de nada sirve el intento de limitar la actividad compulsiva. Para diseñar estrategias de abordaje psicoterapéutico eficaces hay que entender que no se trata solo de los perfiles de personalidad sino, básicamente, de las características que las tecnologías tienen: facilidad de acceso, funcionamiento 24 horas los 365 días del año, recompensa a corto plazo, sensación de control, ilusión de conexión social, visibilidad, posibilidad de crear personalidades ficticias, desconexión de la realidad, etc.

 

Para afrontar el uso abusivo de Internet se están utilizando intervenciones desde el modelo cognitivo conductual y la terapia breve centrada en soluciones. Por ejemplo, una intervención posible pasa por apoyar a la lógica de la persona adicta sugiriendo ritualizar y puntualizar todavía más su búsqueda. La prescripción será entonces esforzarse para entrar en la red en cada hora en punto y, durante cinco minutos exactos, pasar revista a todas las informaciones que quiera; transcurridos estos cinco minutos, habrá que dejarlo hasta la hora siguiente, y así sucesivamente. La respuesta habitual a esta prescripción es que la persona que antes normalmente permanecía en la red mucho tiempo consigue mantenerse dentro de los espacios convenidos sin tener el deseo de utilizar Internet en otros momentos. Obviamente, si en paralelo no se trabajan las creencias, los hábitos, el uso de el tiempo libre, los niveles de ansiedad, etc., no podremos hablar más que de éxitos temporales.

 

Otras opciones psicoterapéuticas vienen desde el marco conceptual sistémico, sobre todo por el que hace a las adolescentes. Aquí no nos centramos en el síntoma, sino en las relaciones familiares, buscando nuevas fórmulas de equilibrio con pautas de relación alternativas.

 

De todos modos, consideramos que en este tema es imprescindible trabajar más sobre los factores protectores y la prevención primaria. El desarrollo de la inteligencia emocional pasa por cuatro vertientes: autoconocimiento y autoregulación, empatía y habilidades sociales, pero también por la adaptación al cambio, por el espíritu crítico y por la motivación para mirar la realidad sin estar atravesados por el algoritmo de las redes.

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