Winona Ryder, una rebelde en Hollywood

winona

La actriz californiana, icono cinematográfico durante los años noventa, ha estado más de quince años en la sombra por una depresión. Pero ahora ha vuelto a las pantallas con la serie Stranger Things de Netflix, renovada y con ganas de romper tabúes sobre los trastornos mentales, el feminismo y la fama.

 

Escrito por: Oriol Gracià

Para las adolescentes nacidas en los setenta (la Generación X, obsesionada por encontrar la autenticidad, fan del grunge y el cine indie), la actriz Winona Ryder se convirtió en el rostro de culto cinematográfico, un icono de la estética gótica, el feminismo y la irreverencia. Winona Laura Horowitz (este es su nombre real) nació en Minnesota en 1971 en una familia dedicada a la edición de libros y la producción audiovisual. Creció en California, en una comuna contracultural, ubicada en un lugar remoto, sin televisión y sin conexión eléctrica. Quizás por esto, ya de pequeña dedicó muchas horas a la lectura (El guardián entre el centeno de fue uno de sus referentes literarios).

 

En el instituto, su estilo de ropa y el aspecto alternativo desencadenaron episodios de bullying. "Llevaba una sudadera vieja de niño que había comprado en una tienda del Ejército de Salvación. Fui al baño y sentí que me decían: '¡Eh, mariquita!' Era un grupo de chicas, y me estamparon la cabeza contra una cabina. Caí al suelo y me agredieron a patadas. La dirección del centro me expulsó a mí, no a las acosadoras", relató la actriz años después. Y todo esto, mientras debutaba en el cine con tan solo trece años: después de trabajar a las órdenes de Tim Burton —primero en la película Bitelchús, que recaudó 32 millones de dólares en tan solo dos semanas, y más tarde en Eduardo Manostijeras—, su popularidad se situó en las nubes. En pocos años, su rostro acabó convirtiéndose en un icono de culto de la década de los noventa. Los críticos de cine destacaban su "talento de cine mudo", la capacidad para cautivar solo con la presencia, para actuar sin palabras. Su voz era distintiva: profunda y ligeramente nasal.

 

Al principio consiguió gestionar la fama: "Mi familia fue muy protectora conmigo. Solo me dejaban trabajar durante las vacaciones de verano. Hasta en la época en que me iban muy bien las cosas, cuando hice Bitelchús o Heaters [aquí estrenada con el título Escuela de jóvenes asesinos], nunca tuve idea sobre mi fama. Quizás yo era muy conocida, pero vivía en el norte de California y me dedicaba a hacer exámenes de geometría". Pero la situación se torció en las siguientes películas: la ansiedad, la incapacidad de asimilar la exposición pública opresiva y, sobre todo, los comentarios sobre sus relaciones con actores famosos repercutieron en su salud mental.

 

beetlejuiceImagen promocional de la película Bitelchús

 

La mala gestión de la fama
"¿Has confundido alguna vez un sueño con la vida? ¿O has robado algo que podías comprar? ¿Has estado triste alguna vez?", decía el personaje de Susanna Kaysen que Winona Ryder interpretó en la película Inocencia interrumpida, de 1999. En aquel momento nadie imaginaba que las palabras de aquel guion serían proféticas. Y es que, mientras su imagen ocupaba llevadas de diarios y otras publicaciones de todo el mundo —la revista Rolling Stone le dedicó un reportaje con el titular "La chica más afortunada del mundo"—, su vida perdía el rumbo, no sabía a quién llamar para explicarle cómo de mal se sentía. Y el escándalo estalló  el diciembre de 2001, cuando Winona entró en una tienda de Beverly Hills y salió con ropa valorada en más de 5.000 dólares sin haber pasado por caja. No estaba arruinada, ni robaba por necesidad. Winona era cleptómana. El video de las cámaras de vigilancia donde se ve cómo los guardias de seguridad la escoltan de vuelta a la tienda se transmitió centenares de veces en televisión y fue tema de conversación en muchos programas. En vez de incitar a interesarse por su salud o su bienestar mental, los medios de comunicación se ensañaron. Fue condenada a tres años de prisión con libertad condicional y, además, se tuvo que someter a terapia para controlar sus impulsos. Pero aquel robo desafortunado la persiguió durante más de quince años. Tanto, que prácticamente desapareció del mapa. El incidente le desencadenó una depresión, a pesar de la imagen tan arraigada según la cual la fama y los ingresos que compuerta convertirse en una actriz de cine reconocida tiñe tu vida de color de rosa. 

 

La recuperación
Al final de los años ochenta, cuando Winona Ryder irrumpió bajo el foco cinematográfico y mediático, la salud mental era todavía un tema tabú. Si el debate sobre estos tipos de trastornos de salud mental estaba estigmatizado entre la población general, todavía lo estaba más entre el star system femenino de Hollywood. Winona fue una de las actrices que intentó romper estas dinámicas a el hablar públicamente de los sentimientos de culpabilidad y vergüenza que le generaba sufrir una depresión. "Ahora, visto en perspectiva, no me arrepiento de haberme sentido mal por lo que pasé, porque, a pesar de que suene como un tópico, muchas mujeres se me acercaron para decirme que se sentían identificadas con mi situación —explicaba hace cuatro años en el New York Magazine—. Estoy muy harta de las personas que ridiculizan las mujeres por el hecho de ser sensibles o vulnerables", añadía al hablar sobre la prensa y su tendencia a patologizar las emociones femeninas.

 

stranger thingsEscena de la serie Stranger Things, de Netflix

 

Ahora, cuando se acerca a la cincuentena, Winona ha resurgido de sus cenizas como una ave fénix para recordarnos que sentir confusión, tristeza o contradicción no es signo de inmadurez e inestabilidad, sino parte del proceso de maduración mental de cualquier persona adulta. Poco a poco ha ido volviendo a la esfera pública, interpretando papeles menores en varias producciones audiovisuales, pero está de nuevo en el podio cinematográfico desde que interpreta la protagonista de la serie de terror de Netflix Stranger Things. Así, la adolescente "genial" que entró por la puerta grande del cine al final de los años ochenta y que después se convirtió en una adulta "complicada" ha vuelto a escena regenerada. Eso no quiere decir, está claro, que su vida sea sencilla. "Me siento como en aquel episodio de La dimensión desconocida en la cual el protagonista dice: 'Solo quiero quedarme solo para poder leer mis libros', y después es enviado a un planeta donde solo están él y sus libros. Y está tan feliz, y sus gafas caen y se rompen", explica Winona Ryder recordando su pasión por la literatura y el aislamiento que tan feliz la hizo de pequeña en la comuna contracultural de California donde la educaron  sus padres.

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