Cuando Mafalda quería curar el mundo

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Bajo la máscara del humor de su personaje Mafalda, el dibujante Joaquín Salvador Lavadon —conocido popularmente como Quino— utilizó la metáfora de los trastornos de salud mental para hablar de los problemas de la sociedad.

 

Escrito por: Oriol Gracià

Si seguiais las tiras cómicas de Joaquín Salvador Lavadon, Quino, quizás recordéis el dibujo de Mafalda cuidando de un globo terráqueo enfermo. Aquella imagen es un ejemplo de cómo la metáfora de la enfermedad puede acontecer un buen recurso para denunciar las disfunciones del cuerpo social. En la obra de Quino, las patologías como la depresión, las obsesiones o el fetichismo aluden a los problemas globales del mundo y nutren una reflexión delicada sobre la disconformidad versus el orden establecido, especialmente en los convulsos y revolucionarios años sesenta en Latinoamérica. Y los trastornos de salud mental le permiten transmitir las más poderosas lecciones de igualdad, política y crítica social. Y no es de extrañar, pues, que su obra haya cautivado a miles de lectoras, con cómics traducidos a más de veintisiete lenguas.

Quino murió el septiembre pasado, a los 88 años, con una vida dedicada a la ilustración. Y es que cuando todavía era una criatura, Quino se enamoró del dibujo. Tenía claro que quería vivir entre lápiz, viñetas y personajes en dos dimensiones. Y tantas ganas tenía de convertirse en un “obrero del dibujo" que cansado de dibujar ánforas y bodegones en la facultad de Bellas artes dejó los estudios en Mendoza. Y tan pronto como pudo se instaló en Buenos Aires para abrirse camino como dibujante de tiras de cómic en diarios y revistas semanales. En 1964, en el semanario Primera Plana nació su personaje estrella, Mafalda: una niña contestataria con un humor retorcido y un ingenio lleno de ironía; soñaba con trabajar en las Naciones Unidas para defender enconadamente los Derechos Humanos. Y sin saberlo, aquel personaje —y todo el resto de secundarios habituales de sus tiras— marcaría el rumbo de unas cuantas generaciones de todo el planeta. Porque uno de los éxitos de Mafalda fue su capacidad de trascender barreras geográficas y generacionales. ¿La prueba? Millones de libros vendidos, ramificaciones televisivas y también cinematográficas. Y todo ello, a partir de las 1.928 tiras que Quino publicó entre 1964 y 1973. Una vida aparentemente breve, pero ahora ya inmortal. Cuando le preguntaron sobre el secreto de su éxito contestó: "Mafalda se ha quedado en el corazón de la gente, probablemente porque habla de temas eternos".

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La enfermedad como metáfora
¿Pero que tiene la obra de Quino que es tan vigente? Su trabajo es profundamente ideológico, incluso filosófico, y propone una serie de reflexiones que son parte de la condición humana y transgreden la actualidad y el momento en que fueron dibujadas y escritas. Y para conseguirlo, a menudo, Quino utiliza el concepto de somatización de las enfermedades para realzar la imagen de un cuerpo social con disfunciones que repercuten en cada una de sus partes. Este es, precisamente, un análisis que ha reforzado Claire Latxague, investigadora de la Universidad Paul Valéry Montpellier y autora del libro Lire Quino [Leer Quino]. Según Latxague, en una sociedad en la cual se han querido eliminar todos los elementos disonantes, la representación de personajes enfermos es la manera con la cual Quino reivindica la libertad: "la enfermedad o la locura simbolizan la otra mirada, es decir, la toma de distancia crítica ante los discursos oficiales y la normalidad impuesta". "Personajes enfermos, tomados por frágiles, inadaptados, son las figuras que permiten reivindicar la diferencia como espacio de libertad; su exclusión les permite tener una mirada distanciada y crítica, esta misma que el humorista tiene que ejercitar en su oficio cotidiano", añade. Y a partir de un chiste, de un juego de palabras o del trazado de los dibujos, Quino va construyendo un cuadro de lectura donde el campo léxico patológico y farmacológico refleja los sentimientos y valores que rigen los personajes. Unos personajes que presentan reacciones epidérmicas al contexto político y social en el cual les toca vivir. Su cuerpo es el espacio donde se concretan sus conflictos morales, su culpabilidad como miembros de la clase media, conscientes de las injusticias sociales pero también de su impotencia para intentarlas resolver.

Malfalda, Felipe y Susanita
En una de sus tiras, Mafalda expresa sus inquietudes sobre las guerras, la fragilidad de la democracia y de los derechos humanos, mientras cuida de un globo terráqueo enfermo, vendado y convaleciente. Estos recursos metafóricos se hacen notar no solo en Mafalda, sino también en otros personajes de la serie. Y es que la evocación de los problemas mundiales acaba produciendo males de cabeza y migraña a Felipe, quien junto con otros protagonistas de las tiras (como Susanita, Guille, Manolito y los padres de Mafalda) reacciona somatizando su malestar. Unos se refugian en obsesiones y otros en neurosis que acaban aislándolos de los otros; pero todos sufren en su cuerpo o en su mente los síntomas de una sociedad en crisis económica, social y de identidad. En el caso de Manolito, por ejemplo, su relación con el dinero acontece una obsesión que lo convierte en un ser asocial: más allá de ser un medio para conseguir la prosperidad económica, el niño erotiza el dinero, hasta que desencadena un tipo de crisis nerviosa. Quino utiliza esta imagen para satirizar la codicia del ser humano y muestra su dominio de la expresividad en los dibujos para reproducir los síntomas de esta crisis de nervios: ojos que se agrandan mientras se pierden en el vacío, como hipnotizados, mandíbula desencajada, dedos afilados y pelo alborotado.

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"En el personaje de Susanita se hacen patentes los síntomas de una neurosis histérica. Varios ejemplos permiten defender mi lectura psicoanalítica de las tiras, especialmente, el hecho de que siempre intente llamar la atención de los otros", explica Claire Latxague. Su obsesión por "tener hijitos" condiciona su comportamiento. De hecho, una de sus crisis de histeria llega en el momento que Mafalda le anuncia que ella tiene que ser hermana. Y también se hace notar en la búsqueda permanente de un marido-progenitor. Y quizás de aquí también se deriva la relación sádica que mantiene con los chicos, aprovechando cualquier situación para entrar en competencia con ellos y humillarlos. Aquí, su actitud alterna entre la seducción y la rivalidad.

De ejemplos hay muchísimos. Ejemplos del humor de Quino, un humor inteligente capaz de convertir la enfermedad en metáfora. Y en parte, es por eso que discreto y bondadoso, ha sido considerado el más universal de los humoristas gráficos. Su muerte ahora hace algo más de dos meses ha dejado huérfanos a muchos lectores y lectoras. "A uno le pasa que en la agenda tiene más días reservados para las visitas del médico que para asistir a conciertos de piano", ironizaba cuando cumplió los ochenta. Ocho años después, los problemas de salud le ganaron la partida y dejó en manos de la sociedad la custodia de su 'hija' animada, «el espejo de la clase media y de la juventud progresista», como él definió a la incorregible y resabida Mafalda.

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