Internet y relaciones sociales en la post pandemia

saludmentalcerebbroLa información en este mundo hiperconectado se ve inmersa en la paradoja del exceso de datos que acaban desinformando. Somos parte de una red de redes en la cual algunos nodos están muy conectados y otros casi nada, pero en la cual es prácticamente imposible estar aislado y aislada.

 

Escrito por: Raquel Ferrari,  psicoanalista

rferrari.wordpress.com

 

Para complicar todavía más el panorama, las fake news, este cúmulo de noticias falsas que se divulgan con rapidez a través de las redes sociales e Internet, cooperan con el caos, en cuanto que las personas usuarias son a la vez productoras y consumidoras de contenidos. Curiosamente, el mecanismo es viral, igual que la pandemia. Una noticia falsa se divulga en minutos instalando una post verdad en la cual los hechos son menos importantes que las creencias personales o las respuestas emocionales.

Un estudio publicado en 2018 por el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), afirmaba que las noticias falsas se divulgan seis veces más rápido que las verdaderas. Y es que la realidad y la verdad de lo que pasa suele ser más aburrida que la mentira.

En este contexto no faltan las miradas tecno-paranoicas al estilo Black Mirror, la serie distópica británica, pero quizás en lugar de culpar a las redes tenemos que entrenar nuestros hábitos y decisiones.

La plataforma Neftlix ha difundido recientemente El dilema de las redes sociales, un documental sobre los impactos negativos de las redes en las personas y los grupos sociales exhibiendo las estrategias empleadas para manipular conductas y emociones y mantener a la persona usuaria permanentemente conectada. Este documental es anterior a la crisis mundial del covid 19. ¿Algo ha cambiado? No podemos afirmar que así sea, pero como trabajadoras de la salud mental interesadas en la ciberpsicología, nos preocupa el después de la pandemia, puesto que creemos que habrá un incremento de los síntomas de malestar en personas y grupos sociales como resultado de la profunda crisis personal y comunitaria que esta situación ha originado. Para enfrentar esta segunda pandemia necesitaremos de todos los recursos posibles, y el trabajo en red, virtual y real, será uno de ellos.

¿Qué tendremos que hacer como padres, madres, y personas educadoras y consejeras para restaurar la coordinación social en la nueva normalidad? Primero tenemos que poner en debate nuestras estrategias de intervención y ampliar nuestra mirada. Es aquí donde el poder de las redes sociales, pero no solo virtuales, cobra relevancia. Nuestro trabajo como miembros de esta sociedad hipersegmentada y vulnerable será tratar de maximizar las oportunidades que la red nos brinda para la superación de la falta de certeza y evitar participar en linchamientos mediáticos.

La realidad es siempre construida y reconstruida en la interacción de diferentes grupos sociales, lo contrario es narcisismo y alienación. Si esto es cierto, entonces la intervención en red y el efecto red se transforman en una forma de participación que puede favorecer la resolución de problemáticas comunes. La tecno-paranoia no puede ni tiene que ser la única mirada posible.

Hemos visto cómo las redes, funcionando como sistemas abiertos, han posibilitado respuestas nuevas y permanentes en un contexto de distanciación social obligatoria, dispuestas a satisfacer intereses y necesidades de la comunidad de manera solidaria y auto gestora. Durante la pandemia han surgido respuestas a problemáticas puntuales a través de la acción de voluntarios y voluntarias con mucho éxito, se han difundido contenidos culturales, se han habilitado espacios de intercambio de todo tipo, hemos intentado, y lo continuamos haciendo, superar todo tipo de limitaciones.

Estas experiencias refuerzan la idea de que el trabajo con metas mínimas que se base en los recursos, las potencialidades y la creatividad de los miembros de una red controlará y reducirá las respuestas puramente burocráticas. La generación de una narrativa en común con problemas similares que unen, suele superar las diferencias de intereses laborales o educativos. Un problema en común da sentido al estar juntas en red; que esta red sea real o virtual acaba siendo irrelevante.

Si utilizamos lo que ya sabemos sobre la interacción entre las personas y lo situamos en este nuevo escenario seguro que encontraremos nuevas respuestas a viejas cuestiones, aunque en el fondo tranquiliza saber que no hay nada nuevo bajo el sol, a pesar de que nos parezca que hoy todo es inédito.

Puede parecer una utopía porque se suele decir que el homo ciberneticus es un ser aislado, pero no es necesariamente así. Aunque los grupos sociales reales parezcan empobrecidos o hayan estado brutalmente destruidos por una especie de paranoia endémica; aunque haya tanta gente que vive sola, trabaja desde casa, y ya no participa de asociaciones ni de grupos; gente que va al gimnasio pero no habla con nadie, vive en un país o en una ciudad diferente de la que ha nacido y tiene miedo a aquello diferente, a la incertidumbre, a la exclusión y a la soledad; todavía sobreviven algunas cuestiones básicas, la necesidad de interactuar siempre ha estado aquí pero ahora vuelve a aparecer con un nuevo aspecto para una vieja cuestión: si me identifican, soy.

Sabemos que nuestra salud mental después del covid 19 tendrá que ser resiliente, desarrollando esta capacidad de rebotar como un resorte después de una experiencia difícil, y por eso tenemos que buscar recursos para construir nuevas estrategias de resolución de problemas y de mejora en la comunicación que busquen proteger nuestra identidad.

Si cambiamos nuestra conducta como usuarios y usuarias de Internet, no solo nos protegeremos sino que fomentaremos la expansión de las mejores posibilidades de funcionar en red. ¿Cómo hacerlo? Accedemos a las redes cuando lo deseamos y no siguiendo notificaciones, no respondamos a recomendaciones de videos o contenidos sin criticarlos primero, aprendamos a buscar y crear contenido relevante, tratemos de seguir a personas o grupos con los cuales no estamos de acuerdo, así explotaremos la burbuja. Pero también aprendamos a desconectar y valoremos nuestros clics y nuestro tiempo offline.

Una red social puede modificar la percepción de nosotras mismas a través del protagonismo social que potencia y esto nos ayudará a volver a confiar. Solo se trata de trabajar en la dirección correcta.

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