Vivir en la calle cuando tienes un trastorno de salud mental

sensellar 1En Catalunya, un mínimo de 1.301 personas duermen en la calle cada día: así lo indica el recuento de personas sin hogar que realizó la Fundació Arrels en cuatro ciudades catalanas durante las noches del 17 y 18 de mayo de 2017. La carencia de recursos básicos debilita a las personas que no pueden acceder a una vivienda y agrava su salud mental.

Escrito por: Meritxell Vilanova

A pesar de ser un derecho reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, el derecho a la vivienda sufre una vulneración que acaba repercutiendo en muchos otros derechos, como el de la intimidad o la seguridad. Según datos recogidos por Fundació Arrels, en la Unión Europea hay 410.000 personas sin hogar. En Cataluña son 14.000, según datos oficiales, pero 48.454 tienen graves problemas de alojamiento. No todas duermen en la calle: también se contabilizan personas que viven en asentamientos y personas alojadas en equipamientos públicos y privados. El perfil más habitual es el de un hombre, de unos 42,7 años de media y que lleva unos 3 años y 4 meses viviendo en la calle.

 

La pérdida de trabajo, no poder hacer frente al pago del alojamiento y la separación de la pareja son los motivos más habituales que llevan a una persona a vivir en la calle, según el Instituto Nacional de Estadística. Manuel, participante del proyecto 'Veus al carrer' de Arrels, perdió el trabajo y tuvo que venderse el piso, motivo por el cual llegó a la calle. “No sabía nada sobre cómo vivir en la calle. Los primeros días no me veía capaz de soportarlo, incluso fui a la policía para pedir que me detuvieran y poder dormir bajo un techo”, explica.

 

“Una persona, por el solo hecho de vivir en la calle, se desequilibra mucho aunque mentalmente sea muy sana”, afirma Esther Sánchez, jefa del Programa de Apoyo a la Persona de la Fundació Arrels. “La estabilidad de un alojamiento compensa y equilibra mucho, sin tener que estar las 24h alerta e insegura con la sensación de amenaza o estando en la intemperie”. Y es que tener un hogar mejora la salud, afirman en la web de Arrels: “no es lo mismo sufrir una recaída en el alcohol estando en la calle que en un piso, porque los daños a la persona se minimizan”.

 

Gema, otra participante del proyecto 'Veus al carrer', ha vivido en la calle en varias ocasiones y destaca la inseguridad como la peor parte. Explica que “la primera vez que fui a parar en la calle me deprimí mucho, estaba sentada en un rincón sin moverme, indiferente a todo. A veces pedía, pero sólo puntualmente. Me sentía invisible, pero casi lo prefería”.

 

La salud mental en riesgo
Ante esta situación de desprotección, los riesgos para la salud se elevan y los trastornos crónicos se agravan. De las personas sin hogar de Barcelona, Arrels estima que un 79% tiene entre uno y tres trastornos crónicos. Algunas de ellas sufren trastornos de salud mental. Para atenderlas hay el Equipo de Salud Mental en Sin Techo (ESMES), un programa que lleva más de 10 años en marcha y que gestionan conjuntamente Sant Pere Claver – Fundació Sanitària y los Servicios de Salud Mental del Parc Sanitari Sant Joan de Déu.

 

Este programa se dirige a personas con trastornos mentales severos y que no están vinculadas a un servicio de salud mental específico ni siguen un tratamiento adecuado para su trastorno. Un 75% son hombres, con una edad mediana de 45 años. El año 2016 ESMES atendió 350 personas, a quienes mayoritariamente se diagnosticó una psicosis esquizofrénica, y en menor medida un trastorno de la personalidad. El Dr. David Clusa, coordinador del Programa de Personas Sin Techo de Sant Pere Claver, explica que también “es bastante frecuente el consumo de tóxicos y enfermedades médicas acompañantes”.

 

Según Clusa, en casos en qué además del trastorno de salud mental hay alguna adicción se intenta abordar de manera integral desde el mismo programa, a pesar de que también se recurre a la red de Centros de Atención a las Drogodependencias (CAS) para vincular a las personas a servicios específicos. Desde la Fundació Arrels se apuesta por hacer un seguimiento más continuado de las personas con adicciones. Este consumo de tóxicos “no facilita que quieran participar en un proyecto terapéutico”, explica el coordinador del Programa de Personas Sin Techo de Sant Pere Claver, “y una parte importante de las pacientes no sólo no son conscientes que tienen un trastorno de salud mental, sino que más bien lo rechazan”.

 

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El Dr. David Clusa, como coordinador del programa, explica que en un inicio, el equipo de psiquiatría y enfermería del Parque Sanitario Sant Joan de Déu hace la diagnosis de la persona a quien se atiende y hacen la propuesta del tratamiento más oportuno, haciendo un ingreso hospitalario si así se considera. En los casos en que la vinculación en la red de salud mental es más difícil se activa el Programa de Seguimiento Individualizado (PSI) para personas sin techo, gestionado por cuatro profesionales de Sant Pere Claver, que hacen el acompañamiento terapéutico de las pacientes.

 

Los trastornos de salud mental que sufre este colectivo, en general, no surgen a raíz de su estancia a la calle. El Dr. Clusa afirma que “generalmente ya habían estado en contacto con la red de salud mental y muchas ya habían pasado por ingresos hospitalarios”. En la misma línea que comentaba Esther Sánchez, los trastornos de salud mental se agravan no sólo por la sensación de inseguridad, sino también por “el abandono del tratamiento psiquiátrico prescrito, el aislamiento social, la carencia de recursos económicos y convivenciales, entre otros. Estas personas se encuentran en situaciones muy conflictivas en las que están muy desamparadas. La mayoría no tiene una familia que apoye”, explica el Dr. Clusa.

 

Según David Clusa, hacer que las personas que viven en la calle se vinculen de manera duradera con programas de atención a la salud mental es difícil. Para conseguirlo se los hace visitas frecuentes y periódicas. Una de las estrategias que se sigue desde el ESMES es “ayudarlas la primera vez con cosas prácticas para entrar en contacto muy frecuente y muy cercano para intentarlas vincular a un proyecto que vaya más allá de la operativa del día a día y conseguir una estabilidad económica y residencial que las permita hacer un tratamiento de manera continuada y salir de esta red”, explica el Dr. Clusa.

 

El retorno al hogar
Adaptarse a volver a vivir en un piso después de una temporada de vivir en la calle pide de un proceso de trabajo previo. “Una persona que lleva muchos años viviendo en la calle de repente no puede hacer un giro en 24 horas. Se tiene que cambiar el chip para volver a vivir en una estructura como es una vivienda. Por eso es muy importante hacer calle, salir, relacionarse, hablar, sentar con ellas, establecer confianza”, explica la jefa del Programa de Apoyo a la Persona de Arrels. Aún así, abandonar los hábitos adquiridos es un proceso aparte. El Dr. Clusa pone el ejemplo “de alguna persona que ha estado semanas sin dormir en la cama que tenía en el piso y dormía en la terraza, o que tienen dificultades para mantener la higiene del piso, o se pasan muchos ratos del día a la calle sin permanecer en el piso, aunque haga frío”.

 

En los casos en que la persona tiene un trastorno de salud mental, además de buscar vivienda también hay que buscar un acompañamiento por parte de un servicio de salud mental. Una vez conseguida la estabilidad residencial, explica el Dr. Clusa, “la idea es vincularlas a los servicios de salud mental. Programamos una visita al CSMA y la acompañamos durante un tiempo, habitualmente meses”. Un seguimiento que dura hasta que la vinculación en la red normalizada es total y acaba tomando el relevo al ESMES. Aún así, dice Clusa, en algunos casos lo más adecuado es conseguirlas una plaza en una residencia para tratar estos trastornos de salud mental, pero las listas de espera son muy largas.

 

Housing First y Piso Cero
Encontrar una vivienda para personas que viven en la calle no es fácil, puesto que muchas de ellas no disponen de ingresos y no encuentran trabajo. El aumento de los precios del alquiler en Barcelona también empeora la problemática. El programa Housing First (Primero el Hogar) nació a finales de los años 80 en Los Angeles y ya hace dos años que se está implementando en Barcelona.

 

El programa ofrece un piso individual a personas sin hogar. Se rige por tres condiciones: respetar la convivencia con el vecindario, aceptar ser atendida por un equipo profesional de manera periódica y, en el supuesto de que se tenga algún tipo de ingreso, pagar una pequeña parte del gasto del piso. En estos momentos en la ciudad de Barcelona sólo hay 50 pisos vinculados a este programa.

 

En los pocos casos en los que el Housing First no tiene éxito, desde la Fundació Arrels se ha puesto en marcha el Piso Cero: “un piso sin normativas, con mucha flexibilidad, que simula como si la persona estuviera en la calle y donde puede hacer todo lo que haría en la calle, pero garantizando su protección”, explica Esther Sánchez, jefa del Programa de Apoyo a la Persona de la Fundació Arrels.

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