El teletrabajo en el Tercer Sector Social, de utopía a realidad

iniciativesocials 1La crisis sanitaria provocada por la Covid-19 ha obligado a las entidades y las empresas a cambiar su forma de organización. El teletrabajo, que antes casi no se contemplaba, se ha instaurado - de forma temporal - como una práctica necesaria. Debido a la vertiente asistencial que caracteriza a las entidades del Tercer Sector, la adaptación a esta nueva manera de trabajar se presentaba como una utopía, pero unos meses después, evalúan que se han adaptado al cambio de forma natural y positiva.

Escrito por: Gisela Giralt

 

A pesar de que en las circunstancias actuales lo requieren más que nunca, el teletrabajo ya era algo que muchas entidades del Tercer Sector habían empezado a implementar en su organización. Cuanto menos, estaban interesadas. Elisa Stinus, dinamizadora de la secretaría técnica de la Red NUST (Nuevos Usos Sociales del Tiempo) explica que, si se hace bien, el teletrabajo puede ser muy positivo para la entidad: “Hasta ahora, hemos visto que en las instituciones y las empresas donde se lleva a cabo, el teletrabajo no tiene por qué ir en contra de su productividad, sino al revés, puede ser muy positivo”.

La Red NUST está formada por más de 130 empresas y entidades de diferentes tamaños y sectores y está dinamizada por el Ayuntamiento de Barcelona con el objetivo de intercambiar buenas prácticas y conocimientos en ámbitos laborales como la conciliación, la gestión del tiempo y el teletrabajo. Una de las principales acciones que lleva a cabo es el Programa de Mentoría en Organización del Tiempo, que consiste en la mentoría por parte de entidades o empresas expertas en el ámbito del trabajo flexible y la organización del tiempo hacia otras que quieren mejorar en estos aspectos. El programa tiene una duración de seis meses y participan seis empresas o entidades mentoras y seis de mentoradas, que tienen una relación de dos a una. “De este modo, la mentorada tiene las visiones complementarias de dos entidades o empresas y puede coger lo que más le funcione según sus propias necesidades, el perfil de las personas trabajadoras, el sector donde se encuentra, etcétera”, explica Stinus.

El inicio de la crisis sanitaria llegó en mitad de la segunda edición del programa, de forma que el teletrabajo fue uno de los temas principales a tratar. Según Stinus, el teletrabajo es algo que todavía genera reticencia dentro de la cultura de las organizaciones de nuestro país. “Implica un mayor grado de autonomía por parte de las personas trabajadoras y un liderazgo diferente por parte de los personal a cargo. Quiere decir desarrollar todo un sistema de trabajo por objetivos basado en la confianza en las personas”. Hasta ahora, esta práctica se había estado implementando de forma progresiva, pero durante el periodo de confinamiento total, muchas empresas y entidades que sentían esta reticencia se han visto obligadas a teletrabajar.

Buenas prácticas de teletrabajo

En el ámbito del Tercer Sector Social el cambio suponía un reto mayor, puesto que el trabajo presencial es, en muchos casos, la base de los servicios que ofrecen las entidades a las personas usuarias. Muchas ya habían incorporado el teletrabajo a su organización y lo han vivido de una manera más natural de lo que pensaban. La Fundació Joia es una de las entidades que ha participado en la segunda edición del Programa de Mentoría en Organización del Tiempo de la Red NUST, en el papel de mentora. Su experiencia con el teletrabajo empezó a partir del 2018, desde la Comisión de Igualdad. “En aquel momento nos dimos cuenta de que, en los servicios asistenciales, además de la atención directa de las personas usuarias, había otra parte de tareas indirectas, de cariz más administrativo. Y este trabajo se podía hacer desde casa. Además, cada año revisamos nuestras medidas para facilitar la conciliación del trabajo con el horario familiar de las personas trabajadoras”, explica Jordi Formiguera, Agente de Igualdad y miembro de la Comisión de Igualdad de Fundació Joia.

A partir de esta idea, se desarrolló un sistema de gestión por competencias que la profesional tenía que cumplir, siempre dando prioridad a la atención directa de las personas atendidas. De este modo, las trabajadoras contaban con cuatro horas de trabajo que se podían organizar de forma más libre. Dice Formiguera que “con la pandemia nos hemos visto ‘obligadas’ por la situación sanitaria a reinventar las formas de atención directa. Tuvimos que activar todo un conjunto de actividades presenciales en formato telemático”.

Susana Silvestre, subdirectora técnica de Fundació Joia, opina que el hecho de haber tenido el formato de teletrabajo instaurado en los equipos asistenciales jugó a favor a la hora de adaptarse a las circunstancias de la Covid. “Ya sabíamos qué tareas se podían hacer de forma presencial y cuáles en formato telemático así que nos pudimos organizar fácilmente. Desde reuniones de equipo de forma virtual hasta la investigación de plataformas digitales como Zoom, Meet o Google Classroom para cubrir la parte asistencial, nos hemos dado cuenta que somos capaces de hacer cosas que no pensábamos que fueran posibles”. Este sentimiento de empoderamiento surgió del hecho que las personas usuarias veían que, todo y la carencia de contacto directo presencial, no se alejaban de sus objetivos. “Incluso hay usuarias de nuestros servicios que han pasado por procesos de selección de trabajo en formato de vídeo llamada”, añade Silvestre.

“Nos hemos dado cuenta de que somos capaces de hacer cosas en formato teletrabajo que hasta ahora no pensábamos que fuesen posible”, Susana Silvestre

Una vez pasado el confinamiento total, la Fundació Joia ha establecido un sistema de turnos para garantizar el servicio asistencial a la vez que se mantienen grupos burbuja para minimizar la posibilidad de contagio. Silvestre remarca la importancia del formato presencial, pero también los aspectos positivos del teletrabajo: “Es evidente que, tanto trabajadores y trabajadoras como personas usuarias, preferimos la presencialidad. Ahora bien, también valoramos de forma colectiva que la parte telemática ha llegado para quedarse, puesto que es una vía que agiliza procesos. Eso sí, en formato reducido y siempre priorizando la atención directa”.

El caso de Oxfam Intermón es un poco diferente, puesto que a nivel nacional ejerce una función de lobby social, mientras que la vertiente más asistencial está enfocada a nivel internacional. Esta también es una de las entidades que participó en el programa de mentoría de la Red NUST, en este caso como entidad mentorada. La necesidad de apuntarse había surgido a finales de 2017, con la elaboración de su nuevo Plan de Igualdad, para tener la visión externa de otras organizaciones respecto a la gestión del tiempo. Desde entonces, el trabajo remoto en la oficina era una práctica que ya tenían instaurada, de forma que las profesionales pudieran trabajar dos días a la semana desde casa.

Nuria Iglesias, directora de Personas y Cultura de Oxfam, señala que “esto nos facilitó el trabajo porque ya teníamos los accesos informáticos bastante trabajados. La mayor dificultad que nos ha llevado la pandemia es que no todo el mundo disponía de material suficiente como para teletrabajar cada día. Así que proporcionamos un ordenador portátil a cada persona y ofrecimos la posibilidad de pasar por la oficina a recoger todo aquello que les hiciera el teletrabajo más comfortable: pantallas, teclados, reposapiés, sillas, etcétera”.

A nivel internacional, la organización ha procurado las medidas necesarias para que sus programas asistenciales se vieran lo menos afectados posible y siempre teniendo en cuenta el país en el cual se trabajaba, su legislación y los protocolos propios. En cuanto a la acción directa a nivel nacional, se trata mayoritariamente de proyectos llevados a cabo por personas voluntarias. “Por un lado, tenemos las tiendas de comercio justo, que durante el confinamiento estuvieron abiertas puesto que vendíamos alimentos. Recomendamos a las personas voluntarias que se quedaran en casa, sobre todo si eran mayores de 60 años, e instauramos unos turnos más irregulares. Más adelante, hemos cambiado de estrategia y hemos optado por proporcionar toda la información y los protocolos de seguridad, dando la libertad de decidir qué es lo que quería hacer cada persona”, explica Iglesias. Por otro lado, las acciones de campañas en la calle de Oxfam han estado prácticamente suspendidas desde el inicio del Estado de Alarma. Si bien desde el verano se han realizado algunas acciones, ha estado de forma más colaborativa de la mano de otras entidades. En este caso, la entidad ha sido muy cuidadosa con las medidas de prevención.

“La mayor dificultad que nos ha traido la pandemia es que no todo el mundo disponía de material suficiente como para teletrabajar cada día”, Nuria Iglesias

Iglesias apunta que “después de pasar por el programa de mentoría y habiendo vivido las circunstancias actuales, nos hemos dado cuenta que la realidad nos ha pasado por encima. Antes, cada vez que implantábamos una medida, esta tenía que pasar todo un proceso de aprobación. La Red NUST ha contribuido en este sentido a la hora de hacernos ver que podemos lanzar una propuesta y, si no sirve, cambiarla. Con esta lógica de laboratorio hemos elaborado lo que denominamos “Medidas Extraordinarias de Facilidad Laboral”, para dar la máxima flexibilidad posible a las personas, partiendo de la base de que cada realidad es muy diferente”.

La pandemia y la priorización del teletrabajo
La última edición del programa de mentoría coincidió en su mitad con el inicio de la pandemia. Para aquellas empresas o entidades que participaban, la implementación y la gestión del teletrabajo se convirtieron en temas necesariamente prioritarios. En este sentido, Marisa Piedra, Responsable de Gestión de personas de la Fundació Germina - que participaba como mentorada -, afirma que el poder compartir experiencias en situación de crisis fue clave: “Todas pasábamos por lo mismo, a pesar de venir de sectores completamente diferentes. El poder intercambiar impresiones sobre cómo lo estábamos llevando cada una nos hizo darnos cuenta de que el teletrabajo podía ser una oportunidad”.

La Fundació Germina llegó al programa a partir de crear una Comisión de Igualdad para trabajar temas de género y conciliación a nivel laboral. Antes de la crisis sanitaria solo tenían implantado el teletrabajo en el equipo de dirección, pero se estaban planteando nuevas posibilidades de cara a los educadores y las educadoras sociales. “Nosotras trabajamos con niños/as, con jóvenes y con familias y la base de nuestra actividad es la atención directa, así que pensábamos que era muy difícil meter el teletrabajo”, apunta Piedra. Cuando llegó la pandemia, se encontraron con dos retos principales. Por un lado, la gestión del equipo. “Sobre todo sentíamos angustia en términos de conciliación por aquellas personas que estaban confinadas con sus hijos. Y después había el tema de la gestión en línea, porque nos faltaba el contacto directo de las reuniones y teníamos miedo de no saberlo mantener”, explica.

Por otro lado, la Fundació Germina tuvo que replantear su atención directa. “Nosotros atendemos a familias que tienen dificultades sociales y muchas de ellas no tienen recursos. Entonces hicimos una tarea de reparto de estos recursos para hacer posible la conexión en línea. Abrimos nuestro wifi en el barrio y con la ayuda de CaixaProinfancia repartimos tablets e incluso alimentos”. Piedra añade que tuvieron que cambiar su manera de pensar. “En Germina no tenemos una mirada asistencialista, sino de acompañamiento. Pero nos hemos encontrado en una situación en la que realmente lo que necesitaban las familias era asistencia”. El cambio también implicó una reestructuración de sus actividades. “La herramienta de Microsoft Teams nos ha facilitado mucho el mantener el contacto y hacer un seguimiento de las familias, pero también nos hemos tenido que adaptar a los nuevos horarios de los jóvenes, que tendían a levantarse más tarde, y acercarnos a ellos de forma diferente, a través de las redes sociales como Instagram, que nosotras no habíamos explorado nunca”.

La valoración general de Germina también ha sido buena. De momento, mantienen el teletrabajo, a pesar de que no aún como un beneficio social, sino como medida temporal debido a la situación sanitaria. Los educadores y las educadoras sociales tienen la posibilidad de realizar sus tareas administrativas y de organización desde casa, mientras que la atención directa se mantiene en formato presencial. “De cara al futuro y como medida de conciliación lo vemos como una oportunidad perfectamente viable, pero se tiene que trabajar muy bien teniendo en cuenta todo lo que comporta”.

“De cara al futuro, el teletrabajo, como medida de conciliación, lo vemos como una oportunidad viable, pero se ha de trabajar muy bien teniendo en cuenta todo lo que comporta”, Marisa Piedra

La idea de que la crisis sanitaria nos ha encaminado hacia un modelo de trabajo “mixto” es unánime. Queda claro para las entidades del Tercer Sector Social que su modelo pasará por trabajar de forma presencial prioritariamente, dedicando un pequeño porcentaje de la jornada laboral al teletrabajo. Nuria Iglesias afirma que este modelo “favorece la conciliación sin dejar de cubrir las necesidades psicológicas y emocionales que proporciona la atención directa”. En este sentido, Elisa Stinus apunta que “para que esto sea posible se tiene que tener una organización sólida y las herramientas digitales mucho más trabajadas”.

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