La brecha digital en las personas atendidas por el Tercer Sector: una realidad en evidencia

iniciativesocials 1La evolución de las TIC brinda oportunidades de mejora de vida para muchas personas, pero también supone profundas desigualdades sociales. El año pasado, el proyecto m4social, impulsado por la Taula de Entidades del Tercer Sector Social, publicaba un estudio que reflexiona sobre cómo la revolución digital está generando desigualdad y exclusión social entre las personas atendidas por las entidades del Tercer Sector. Desde Acuerdo Ciudadano por una Barcelona Inclusiva ya se ha puesto en marcha un plan de acción con incidencia en la transformación digital.

Escrito por: Gisela Giralt

 

El proyecto M4social es una iniciativa de la Taula del Tercer Sector Social de Cataluña que trabaja para acelerar la transformación digital en la atención a las personas por parte de las entidades del Tercer Sector. “Cada año realizamos un estudio con profundidad, con el fin de detectar aquellos temas que son de especial relevancia en cuanto a la empoderamiento de la ciudadanía y de las entidades sociales”, explica Jordi Serratosa, coordinador de m4social. Desde un inicio el proyecto tenía claro que el estudio sobre la brecha digital tenía que ser cualitativo, para poder tener una visión más transversal e interdireccional del que realmente supone. “Con la evolución de las nuevas tecnologías se tiene la idea errónea de que la brecha es cada vez menor, pero esta visión solo se centra en el tema del acceso. Realmente, hay varias brechas digitales”.

A partir de esta certeza, el estudio se centra en tres tipologías de brecha digital: de acceso, de uso y de calidad de uso. Según indica el texto, las limitaciones en el acceso a Internet ponen barreras a la autonomía de las personas. Si bien es verdad que más del 90% de encuestados pueden acceder desde un smartphone, la conexión exclusiva desde este dispositivo se ve limitada por los datos móviles. Un 28% de los encuestados no tienen habitualmente la posibilidad de acceder a Internet con datos móviles. Y las personas con menos recursos tienen más dificultades para acceder desde casa, ya sea por carencia de ordenador o de conexión wifi. De hecho, una de las conclusiones del estudio es que la brecha digital surge de una desigualdad de base social.

Esto tiene un especial impacto en los niños y las adolescentes, puesto que supone un obstáculo para seguir las actividades académicas con naturalidad. El estudio se finalizó antes de la pandemia, pero se tuvo que ampliar ante la evidencia de la gravedad en la que se encontraban algunos sectores, como la educación. Serratosa afirma que “para los niños y jóvenes que viven en familias con rentas bajas y que, por lo tanto, están en riesgo de exclusión, la brecha digital es mucho más aguda. Nos encontramos con estudiantes que solo podían acceder al material escolar a través del móvil, pero no lo podían hacer siempre o la infraestructura no estaba preparada para este tipo de apoyo”.

Es por eso que, desde m4social, reclaman Internet como derecho fundamental. “Acceder a determinados derechos como la educación, la vivienda o el trabajo está actualmente muy condicionado por el mundo digital. Por lo tanto, si no tienes acceso ni capacidad para acceder, se te cierra la puerta a otros derechos”. En este sentido, Serratosa reconoce que ya hay muchos programas en marcha para garantizar el acceso universal (descuentos, wifi gratuito, recogida y cesión de dispositivos… ), pero remarca que la capacitación digital es todavía un gran reto para las personas atendidas por el Tercer Sector. Además, añade que “estamos lejos de llegar porque, a pesar de que hay mucha oferta, está poco coordinada”.

El proyecto m4social destaca que, con el objetivo de mejorar el uso y la calidad de uso de las TIC, las entidades del Tercer Sector hace tiempo que llevan a cabo acciones para acelerar la transformación digital, como cursos de formación digital y programas de acompañamiento, pero que la coordinación es esencial. El estudio señala la necesidad de conformar un currículum que contemple todos los niveles y que permita a las personas un empoderamiento digital real. “Haciendo los focus group para el estudio nos encontramos con que había personas que no sabían hacerse un correo electrónico. Está muy bien que enseñemos a las personas informática básica para elaborar un currículum, pero tenemos que empezar por la base”.

Para poder llevar a cabo esta coordinación, el programa apunta en primera instancia a las administraciones, que son las encargadas de marcar una referencia y garantizar la orden. En este sentido, desde Acuerdo Ciudadano por una Barcelona Inclusiva se ha puesto en marcha un Plan de actuación con acciones concretas para reducir la brecha digital. Esta hoja de ruta surge a partir de reevaluar la Estrategia de inclusión 2017-2020 por la reducción de las desigualdades.

Sergi Martí, referente de Acuerdo Ciudadano y jefe del Departamento de Participación Social dentro del área de Derechos Sociales, Justicia Global, Feminismos y LGTBI, explica que, efectivamente, para el Ayuntamiento tampoco es un tema de moda. “En una primera evaluación de la Estrategia, hace un par de años, la brecha ya quedaba evidenciada. De hecho, hay toda una línea estratégica al respecto aprobada en el consistorio municipal con consenso por parte de todos los partidos políticos, que no pasa mucho a menudo. Es un tema de peso”.

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La Estrategia tiene como objetivo principal incrementar la equidad educativa, y esto pasa para reducir la brecha digital. A partir de los módulos de trabajo del Acuerdo (basados en la participación y la cooperación entre entidades, organizaciones y el Ayuntamiento), se pusieron sobre la mesa una serie de proyectos. Martí menciona algunos. “Por ejemplo, desde el Casal de dels Infants del Rraval se está haciendo un trabajo a nivel comunitario para dar acceso a los niños a las nuevas tecnologías. Desde el Casal de Gent Gran también hay programas para trabajar esta administración digital, así como lo hace el programa Vínculos, del Ayuntamiento. Y también hay entidades que desarrollan programas a través de los puntos Òmnia para favorecer la inclusión de las personas teniendo en cuenta las herramientas TIC en diferentes distritos”.

La reevaluación de la Estrategia, pero - y sobre todo, a raíz de la pandemia -, ha evidenciado lo mismo que el estudio de m4social. El acceso es necesario, pero un acompañamiento socioeducativo, tanto para niños y jóvenes como para adultas, lo es tanto o más. “Se trata de favorecer el aprendizaje pero también de ofrecer ciertos valores hacia el uso de las TIC. Es necesaria una presa de conciencia del que significa la conectividad y la funcionalidad de estas tecnologías y de los riesgos que tiene, poniendo énfasis en el impacto en los niños”. Este acompañamiento socioeducativo se está implementando, sobre todo, en escuelas y centros abiertos. En la misma línea, el Ayuntamiento de Barcelona también ha presentado a principios de este año la medida de gobierno de innovación social, poniendo el foco a la innovación digital, sobre todo de cara a las familias en situación vulnerable.

En cuanto a la coordinación de los proyectos y la implementación de acciones concretas, Martí habla de las Redes de Actuación. “El Acuerdo funciona como espacio de coproducción donde se encuentran entidades, organizaciones e instituciones de la ciudad. Y la manera más clara de promover una coproducción cohesionada es a través de las Redes”. Dentro de estas redes temáticas se comparte información entre profesionales de las diferentes entidades para elaborar protocolos y marcar líneas de acción. “El tema de la brecha digital aparece de forma transversal, en mayor o menor medida en varias Redes, puesto que tiene incidencia en muchos ámbitos. Pero hay una que es muy clara, la Red de prevención y convivencia. Desde su creación, se ha puesto el foco en el uso de los dispositivos móviles en niños y jóvenes y ha servido como pistoletazo de salida por que las entidades vayan en la misma dirección”.

Sergi Martí añade, pero, que también se tiene que incidir en otros ámbitos en los cuales la brecha digital tiene un peso importante. Por un lado, apunta a la transformación digital que tiene que hacer la Administración. “Pienso que es de vital importancia garantizar el acceso de la ciudadanía a los servicios sociales y a la gestión de trámites, pero también la comprensión de estos procesos. Hace tiempo que se habla de facilitar la relación entre los ciudadanos y la Administración, pero después de la Covid-19 ha quedado clarísimo que hay que incidir”. Martí apunta que gestiones de ayudas sociales como el Ingreso Mínimo Vital, laborales como el SEPE o trámites sencillos como la renovación del NIE han sido un fracaso. “Se tiene que transformar esta relación con los ciudadanos para respetar sus derechos básicos”.

Y por otro lado, Martí habla de algo que conecta con las conclusiones del estudio de m4social. “Se tiene que trabajar desde la base. Las desigualdades territoriales son una realidad en nuestra ciudad y, naturalmente, favorecen la brecha digital. Si no se trabaja la brecha social, no se puede hacer el siguiente paso”.

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El estudio de m4social sobre la brecha digital en las personas atendidas por el Tercer Sector se elaboró a partir de la organización de focus groups segmentados, acotando ámbitos de intervención. En este caso, se centró en las personas con discapacidades físicas, niños y adolescentes y personas en situación de vulnerabilidad. La brecha digital, pero, afecta a otros muchos ámbitos del Tercer Sector y las personas usuarias de Salud Mental son un ejemplo.

Nicoll recibe atención por parte del Servicio de Rehabilitación de Jóvenes de la Fundació Joia. “Yo no tengo Internet en casa y tampoco tengo ordenador. Sí que tengo un móvil, pero para hacer según qué cosas tengo que forzar mucho la vista y consumir todos los datos”. Antes de la pandemia, Nicoll utilizaba los ordenadores de la Fundación para usar el correo electrónico y realizar gestiones y trámites relacionados, sobre todo con la investigación de trabajo. En última instancia, usaba el móvil de su madre, que tiene un paquete de datos más amplio. Pero durante la cuarentena el acceso y el uso de las herramientas del servicio fue más difícil. “Desde Joya me enviaron un ordenador, pero como no tenía Internet, tenía que conectar los datos del móvil. Yo no lo sabía usar del todo, pero mi hermano me ayudó”. A pesar de que ya puede volver a acceder a las instalaciones de Joya, Nicoll piensa que, al menos, el Internet tendría que estar garantizado para todo el mundo. “Es un rollo porque siempre gastamos todos los datos de todos los teléfonos de casa y como que mi hermano también se tiene que descargar el material de la escuela, va muy lento”. Añade que sería mucho más cómodo poder hacer algunas gestiones desde casa, pero que tampoco puede usar el ordenador de su hermano. “La escuela tiene restringido el acceso del ordenador, así que solo puede acceder a los recursos educativos”.

Manuel José es atendido por el Servicio de Rehabilitación Comunitaria a Joya. “A casa tengo Internet, pero el tema de las nuevas tecnologías no lo domino mucho. Todo el que he aprendido ha estado gracias a los cursos que he hecho. Pienso que he adquirido bastantes conocimientos de informática en poco tiempo, pero todavía no sé muy bien cómo funciona el correo electrónico ni cómo enviar mi currículum para buscar trabajo”. Manuel empezó a practicar con el móvil, puesto que él tampoco tiene un ordenador personal, y después aplicaba sus adelantos a los ordenadores de la Fundación. “Durante la cuarentena tuve problemas para acceder en las clases y los encuentros por videollamada, porque no sabía cómo funcionaban y desde el móvil es más complicado. Aún así, pude descargarme algunos materiales y seguir los cursos, sobre todo a través de mensajes”. Manuel dice que se querría volver a apuntar a informática para poder tener más conocimientos y, en caso de que fuera necesario, ser capaz de conectarse desde casa y acceder a todos los recursos.

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